Ocurrió la víspera. Ella estuvo en La perla y yo la descubrí hace unos meses en una versión mexicana de Las cinco advertencias de Satanás, basada en el texto maravilloso de don Jardiel. La señora era muy que muy bonita. La vida es así.
Una prima me agradece las oraciones. Una cosa no tiene relación con la otra, necesariamente. Hubo buenas noticias sobre mi tía hoy.
El mundo es extraño. Más extraños somos nosotros. ¿En qué infinita combinación de azares químicos, volcánicos, meteorológicos, eléctricos, los átomos del universo dieron origen a la vida, y por qué derivó en nosotros y en lo que sigue después de nosotros?
Parte del consuelo del cristiano reside en ello: muchas cosas ocurren y son evitables, y a un dios las atribuimos. A veces no hay otra explicación. A veces las hay, pero son tan inverosímiles, tan increíbles, tan desnudas en su crueldad, que nos conforma pensar: "Lo ha decidido así Dios". Y, si no lo creemos, todo nos parece más difícil ya no de entender, sino de aceptar, para que pase y nos atormente un poco menos.
Mi tía Ana González Bautista está grave en un hospital. Dios decidirá, queremos suponer. Intervendrán su salud, la resistencia de su cuerpo, la pericia o el denuedo de los médicos. No a todos nos consuela pensar en que intervendrán la suerte, el destino, el azar, la buena onda, la vibra o el viento de la fortuna que pase por allí. Tiene tres hijos. En nombre de ellos, lo admitimos así: ésta la decide Dios.
Mientras, que los médicos no cejen y no ceje su cuerpo.
Acreedores, de August Strindberg: otro de sus enormes dramas naturalistas, junto con La señorita Julia (en la que yo actué, je). La dirige nada menos que el mismo hombre de Julia: Marcos Lomelí, que las trae consigo. Elenco: Sara Isabel Quintero, Humberto Armas, Carlos Hoeflich, ahi nomás. La Casa Suspendida: Alcalde 830 casi esquina con Jesús García, al ladito del Monte de Piedad. Aquí, en Guadalajara, México. Llegue temprano y tómese algo, que el café está rico. Jueves y viernes de noviembre, 20:30 horas. Si dice usted que leyó el aviso en Van Zorn, le dirán: "¿Y?".
Ande, vaya, salga de allí pensando muuuuchas cosas.
1. ¡La Phoenix! ¡Nooooo, bonita! ¡Vuelve! Llore conmigo tras leer 1 y 2. Pero lea sobre todo 3.
2. El Goncourt, a un afgano. Sépalo todo en 1 y en 2.
3. "Me parece que eres el único papá de mi colegio que aún cree en los Reyes Magos". Se lo dijo a Fernando Savater su hijo, ante inquietante pregunta que todos los padres enfrentan un día. Los dioses de don Savater quieran que un día pueda yo responder a tal cuestión con tan buena o mejor suerte. Si no llevan prisa, no hay problema... pero no demasiado suspenso, señores dioses, caray.
6. A las leyes de California les ha ocurrido lo que un vulgar con tino podría llamar toda una mariconada: pero ya viene la respuesta. ¡Diga usted sí al matrimonio entre personas del mismo sexo!
7. ¡Se extinguen las rayas y tiburones! Dos de las cosas más bonitas de este mundo, caray. ¿No sobramos usted y yo, en lugar de ellos (o, bueno, varios de nuestros respectivos conocidos)?
La corrida que vi, oficialmente, fue ésta. Tenía que ir. Antropológica, sociológica, muchacosalógicamente, me era necesario. Y tenía ganas. ¿Qué tal si me gustaba?
Hay poesía allí. Oh, claro. Pero, también, apenas un pasito de distancia entre eso y echarle cristianos a los leones para que se los coman y todos nos divirtamos bien mucho. Y gritemos: "¡Mátalo! ¡Que lo mate!".
Y, pues, digamos: refrendé mi opinión. No querré ir a una plaza de toros en mucho tiempo, me parece. Y ahora, si voy de nuevo, será con conocimiento de causa.
Enrique y Ana, cuando yo era un niño, solían ser considerados método de inducción de la catalepsia para todos los infantes. Nos decían que nos gustaba, cuando en realidad iban sometiéndonos a conductivista tratamiento. Ahora, cada vez que escucho que alguien dice "cococoguagua", me entran unas ganas de salivar y comer croquetas que para qué les cuento.
Qué cosas, señor mío.
PS Ah: se separaron en 1983, nos dejaron un legado de sufrimiento y tortura y luego, una se volvió una persona normal y el otro, un normal hombre del espectáculo. Y el mundo da vueltas y es plano, dicen.
El rumor cundió en Internet: que el proyectado remake de Oldboy, la impresionante cinta del coreano Chan Wook-park y la más popular y premiada de su trilogía de la venganza (el Gran Premio del Jurado en Cannes, ¿le suena a usted?), lo harán finalmente Steven Spielberg con Will Smith de protagonista. En el Blogdecine le niegan cualquier fundamento al chisme, aunque la fuente hubiera sido Variety. Pero, ¿por qué? ¿Porque son estrellas demasiado importantes? Quizá habría que recordar que Oldboy es responsable de una de las explosiones más memorables del cine asiático al público occidental o, en todo caso, su exponente más afortunada. Tiene millones de fans. Cualquier actor querría hacer a Oh Dae-su. Lo que me suena más viable es que lleguemos a ver una cinta que en nada se parezca a la original. Y quizá, de acuerdo con algunas perspectivas críticas, eso sea bastante deseable (véanse 1, 2 y 3, por poner ejemplos). Lo que es cierto es que la crítica, en general, la adora... y uno tiene que entender que eso sea el primer dato que lleve a suponer que algo anda mal, pero eso es otra historia.
Que no se hagan juicios fáciles: será muy difícil igualar el impacto que supuso Oldboy en su momento. Pero Spielberg dirigió Munich, dirigió Minority report, dirigió Jaws. En una de ésas lo que esperamos es una versión corregida y aumentada. Y además, no importa: Oldboy será siempre Oldboy.
No hay comparación entre el poderosísimo, energético primer disco y el segundo. La buena noticia es que en 2009 habrá un tercero. De Karen O y sus dos chicos espero lo mejor de lo mejor.
Adoro a los YYY.
(BABY, I'M SCARED OF A LOT OF THINGS, BUT AIN'T SCARED OF LOVING YOU)
1. El artículo de Fernanda Solórzano en Letras Libres. Léalo usted, que vale la pena. Y ponga atención sobre lo que dice de Camino, que en España están tan vueltos locos con la cosa que quizá sea el siguiente sacudidón español al somnífero cine mexicano.
The simple fact of existence, of being aware that you are aware; this to me is the most astounding fact. And I think that it has something to do with dying. When you are a kid you are beset by fears and you think, 'I'll solve the fear by living for ever and becoming a movie star.’ But I am not going to live for ever. And the more I know it, the more amazed I am by being here at all. I am so thrilled by the privilege of life, and yet at the same time I know that I have to let it go.
En The happening, el amor es un acto de la naturaleza: jamás terminaremos de entenderlo. Es el único consuelo para la destrucción: donde hallemos el final, el final absoluto, el ineludible, infinito e incomprensible final, allí el amor servirá para permitirnos atravesar la muerte con los ojos abiertos.
En Signs, el amor se alimenta de la fe: a la muerte que deja tras de sí rabia, resentimiento, dolor y derrota, deben sobrevivir la paciencia, la paz y la esperanza: la fe, que da fuerzas a quienes ya no las tenían, en nombre de quienes aún no pueden defenderse solos. ¿Voy a hundirme, a mí, que todo me lo han quitado, ahora que otros me necesitan?
The village es una película sobre el amor: sobre el amor atemorizado y retraído, que inventa estrategias siniestras para proteger lo que desea conservar; y sobre el amor arrojado y valiente, que desafía toda norma para salvar lo que ya se cree perdido. En ambos casos, el amor se revela como la fuerza que impulsa los actos humanos trascendentes: el guía verdadero de las acciones que nos definen. Dice el entrañable personaje del poderoso William Hurt, uno de los mejores actores de Estados Unidos: "The world moves for love. It kneels before it in awe".
Suele repudiársele a Shyamalan que filme historias obvias, simples y tan llanas que los elementos que deberían ser asombrosos en ella se convierten en meros pretextos, en simples repasos mal hechos. Dejó de ser un director de grandes guiones para convertirse en un director de monstruos de plastilina.
Creo que, en el caso de Shyamalan, la crítica está tan exageradamente equivocada, le ladra con tal denuedo al árbol equivocado, que comete el doble pecado de perdonarle a este director sus errores más evidentes y de castigarlo, en cambio, por la mejor de sus virtudes: es un gran narrador; un narrador comprometido, además, con un tema que debería asombrarnos a todos, ante el que deberíamos inclinarnos con veneración, a cuyo hechizo cedemos todos a diario, y que debería inocularnos, en estos tan deplorables tiempos, esperanza, fe, fortaleza y consuelo suficientes para sobrevivir.
Pero no. El problema es que sus extraterrestres son chafitas y que sus monstruos son trucos de actores.
Bah.
Podría escoger todo el metraje de William Hurt en The village y hacer, estoy seguro, un documento de auténtico valor para cualquier estudiante de actuación (pero véase, por Dios, la cinta: vea usted a Adrien Brody en un impresionante ejemplo de su talento, veáse a Joaquin Phoenix equilibrando su rostro magnífico y su cuerpo como una maquinaria de relojería sobre la cuerda tensa de la discreción y el contenimiento, hay que ver a Brendan Gleeson (dos o tres gestos y ya está: cátedra para expertos y novatos) y a Cherry Jones, a Celia Weston, a Bryce Dallas Howard bordando un trabajo afortunadísimo y a una Sigourney Weaver inolvidable e increíble.
Entre ella y William Hurt hay una escena muy breve, importante pero al final prescindible para la historia principal de la cinta: sus personajes se han amado por años, pero, casados ambos, viudos luego, han declinado estar juntos. La gente lo nota: Joaquin Phoenix, el hijo de ella, los ve cuando están cerca: "Nunca te toca", le advierte un día. Más adelante, en una fiesta de bodas, ella intentará tocarlo, para comprobar lo que su hijo ha visto y entendido.
Joaquin Phoenix es apuñalado en la aldea y agoniza; Bryce Dallas Howard, la hija de William Hurt, atravesará los bosques infestados de monstruos para traerle medicinas, pues lo ama. William Hurt la convence de hacerlo, aunque teme que no vuelva. Luego va a darle la noticia a Sigourney Weaver. Ella está en su casa, lavando con lejía sábanas limpias para Joaquin Phoenix. No encuentro el video, así que intentaré describir la escena de memoria: Hurt entra a la casa subiendo escaleras, mira a Weaver y ella se inquieta o se prepara, lo que hacemos al ver a alguien ante quien debemos fingir nuestros sentimientos reales para que los detecte (sí, el amor es así). Él la tranquiliza, mira hacia el piso, va a decirle algo importante: "Mandé a Ivy a los pueblos", le dice. Sigourney gira completamente su cuerpo, abandona la colada y se cubre la boca con las manos. Va a recriminarlo, va a llorar por la hija de él, es como si él mismo la hubiera matado. "No tuve otra opción", la ataja él. Y ella lo admite, pero aun podría protestar: todavía es posible detener a la joven. "Y es todo lo que yo puedo darte. Es todo lo que puedo darte para salvar a tu hijo", termina Hurt, vaciando con palabras a propósito enmascaradas lo que debía decir de otra manera: "Y es como si fuera mi hijo, también, y le he entregado a la mía. Es que ellos salvarán lo que nosotros cedemos. Es que ellos se aman, como hay amor aquí, pero lo merecen, y deben tenerlo aunque les cueste la vida. Es que el amor es más importante que estar vivos, y a nosotros ya nada nos queda, pero a ellos los espera todo".
Sigourney Weaver va a hablar, pero entiende. No debería decir nada. Debería tomar las manos de William Hurt y pedirle consuelo, que la salvara de arrepentirse, que la proteja. ¿No es, en la persona amada, donde, ridículamente, hallamos mayor protección? Y lo está intentando, ese gesto en Sigourney Weaver es magnífico: se miran a los ojos, pero las manos de William Hurt ya no descansan a los lados de su pantalón sino que sus dedos se estiran hacia las uñas de ella, cuya mano izquierda se alarga para tocar el brazo del hombre que tiene enfrente. Todo lo que debe hacer es terminar el movimiento: ya lo disfrazará, más tarde, de amable cortesía.
Pero ya el mundo no les pertenece. Comparte con William Hurt la comprensión de esa verdad incontrovertible: un buen día, los hijos que hemos tenido se vuelven responsables del mundo que nosotros no pudimos cambiar. Les toca a ellos sufrir, vivir y morir para sus nuevos hijos. La vida no puede parar. El amor se renueva a sí mismo y nada detiene su marcha: todo el mundo se inclina ante él con veneración.
"Acepto", le dice.
PD He encontrado la escena. Está en este video, en el minuto 1:10. Veo que la recuerdo con muchas licencias, pero, una vez más, confío en mi mal gusto. No siempre me equivoco.
Antier dudé entre comprarme Los idus de marzo de Wilder por 35 pesos y El archivo de Egipto de Sciascia de los Club Bruguera por 40 o gastarme 60 de una vez en El mundo perdido de Michael Crichton. "Un día debo tenerlo en casa", me dije de este último, cuando lo devolví a los estantes de la librería de viejo (maloliente y abandonada, uno de esos sitios a donde hay que ir más bien a rescatar los libros). Ahora tengo otro Sciascia, Los idus y una duda: ¿por qué sopesamos los libros que no compraremos de aquellos que van a morirse pronto? ¿Por qué el juicio, "sí, bueno, puedo divertirme mucho leyéndolo" no se convirtió en un "por una vez que gaste en él no me pasará nada malo"? ¿Por qué a la Muerte le gusta propinarnos coincidencias? ¿Disfrutará, como suponemos que no hace con nada, colándose en los acontecimientos del mundo, para que un nombre recientemente recordado sea el nombre que leeremos luego en los titulares de la prensa? ¿Nuestra memoria persigue a la Muerte, con el temor y la audacia de quien juega apuestas, "sería lamentable, pero creo que acertaré"?
Ha muerto Michael Crichton. No tengo libros suyos en casa. Ayer, con el drama de Juan Camilo Mouriño, olvidé mencionar que lamento que muera: tenía esposa e hijos y pasarán días muy tristes de aquí en adelante. Nadie debería perder así a sus padres o a sus maridos. Pero se pierden así, y estas derrotas ocurren a gente real. Lo lamento por ellos. La vida debe seguir. Lo lamento por quienes han querido a Michael Crichton. La Muerte es lo único que nos alcanza con certeza. A veces terrible y definitivamente, a veces como una casualidad. Nunca duele menos. Siempre cambia todo. Jamás estamos listos. Cada nuevo muerto demuestra que venimos a vivir por lo que no conservaremos.
1. Sí fue Mouriño. El secretario de Gobernación y siete personas más fallecieron en el accidente de esta noche. Parece que fue porque el tanque de la aeronave estaba medio lleno. Un error, pues. Hubo 40 personas heridas en tierra, porque el jet tuvo a mal caer en pleno cruce de Periférico y Reforma, en la Ciudad de México. Estuvo tremendo; todavía lo estará más.
2. Sí fue Obama. Los periódicos subrayan que se ha roto, con esta elección, la última barrera racial en la política estadounidense: un afroamericano gobernará los Estados Unidos. ¿Qué pasará? Supongo que sólo Dios lo sabe porque, lo que es para las políticas de relaciones binacionales, a México le va igual con uno demócrata que con otro republicano. Pero una cosa es segura: se acabó Bush. Y eso a todos nos hará un poco menos infelices.
No me importan las elecciones en Estados Unidos. Creo, sinceramente, con esta apatía que me invade hacia el final del año, que nada tienen que ver conmigo.
Mi hermana, sin embargo, es legalmente mexico-estadunidense, y creo que votará por Obama. Tendrá sus razones.
Yo veo las caras de ambos, los escucho hablar a ambos, leo resúmenes con los programas de ambos. Y ambos me dan igual.
Pero votaría a Obama.
Creo.
So, good luck. Y que el siguiente cuatrienio nos agarre menos tristes.
¿Quiere usted votar? Hágalo aquí, ándele. ¿No quiere usted votar, pero quiere enterarse cómo va yendo la cosa? Son las 6:00 pm mientras escribo esto y empiezan a salir números reales. Léalo en CNN.com o donde a usted le dé la gana: de todos modos, nos vamos a enterar.
El asunto reviste particular interés si uno busca en las bien organizadas etiquetas que este alumno de González Caballero creó para su blog. Una de esas etiquetas es Strindberg y otra es Señorita Julia. Obviamente, yo me muero del interés. Sobre todo cuando leo del interés de González Caballero por Julia:
VI Nadie te manda cartas ahora Debajo del faro en el atardecer Los labios partidos por el viento Hacia el Este hacen la revolución Un gato duerme entre tus brazos A veces eres inmensamente feliz
1. Agarre sus casets y páselos a MP3. Ya se puede. Luego agarre mis casets y páselos a MP3 y páseme los archivos, que a mí me da mucha hueva, la mera verdad. (Ya estoy oyendo a ciertos amigos míos adolescentes: "¿Qué es un caset, tío Iván"?)
Ya iba siendo hora. Después de varias semanas medianas o, mejor dicho, mediocres, Manning-Wayne-González-Clark-Sanders y compañía se portaron como debían y le pusieron una humillada memorable a los Patriotas de Nueva Inglaterra. ¿Por qué me importa tanto? Porque hay pocos equipos con los que los Colts tengan tan especial rivalidad y porque Patriotas es un gran equipo: Brady, vuelve: sin ti, las victorias son menos placenteras; Cassel, échale ganas: pese a la derrota, diste un juego bastante bueno.
Y ahora, después de los honorables comentarios anteriores, un comentario que sale desde el corazón:
Las cosas para Potros seguirán complicaditas si no espabilan (¡más juegos de ofensivas como la de ayer, caray! ¿Dónde está nuestra defensaaaaaaa?). Abrimos perdiendo con Chicago, le ganamos Minnesotta de un modo curioso, perdimos con Jacksonville (¡con Jacksonville!), le ganamos a Houston con dificultades (¡por favor!), luego estuvo esa memorable paliza a Baltimore... y una memorable paliza por parte de Green Bay... y otra, más memorable si cabe, con los sangrones de los Titanes de Tennessee. Ganarle a Patriotas deja a Potros con una marca de 4-4: ¡igual que Denver, que Miami, y por debajo de Cuervos, Jets y Buffalo!
La semana que viene, fecha 10, Acereros. Luego: Houston, San Diego, Cleveland, Cincinnati, Detroit, juego de Acción de Gracias contra Jacksonville y cierre de temporada regular contra Tennessee, otra vez: y yo veré ese partido en el Lucas Oil Stadium porque pasaré Navidades con mi hermana, en Indianápolis, y Santa Clós nos trajo boletos. Ojalá que el viejo panzón nos traiga también ricos playoff y otro Super Tazón.
Hoy, Acereros-Washington. Voy Washington, pero la verdad es que quiero ver un buen partido.
Y ya.
(ÉSTE ES EL MUNDO DE UN TEATRERO SIN TRABAJO, CON LA ESPALDA LASTIMADA, DEMASIADAS PREOCUPACIONES COTIDIANAS EN LAS ÚLTIMAS SEMANAS Y UN EMPLEO INGRATO, PERO QUE PASÓ EL DOMINGO EN LA ABSOLUTA Y REDONDA HUEVA. BETO RUIZ, PERDÓNAME)
Me los imagino sobándoles los lomos, a las pobres tradiciones, con alcanfor en las manos. Y mira, pues sí, pero también pues no:
fomentar. (Del lat. fomentāre).
1. tr. Excitar, promover, impulsar o proteger algo. 2. tr. Atizar, dar pábulo a algo. 3. tr. Med. Aplicar a una parte enferma paños empapados en un líquido. 4. tr. p. us. Dar calor natural o templado que vivifique o preste vigor. La gallina fomenta los huevos.
Hoy he cumplido 23 meses sin fumar. Sin fumar. He fumado puro por aquello de que en el teatro sí hace falta, pero nada de cigarrillos. Y extraño los Broadway va! Y quiero un Camel, un Alitas de papel arroz, un Marlboro rojo chafa y vulgar pero salvador, un Ducados sin filtro que saboreé sólo una vez el paquetito y me duró taaaanto, y oh Dios Dios ¿todavía habrá quien haga Luchadores? ¿Alguien me lo puede decir? Los Luchadores eran magníficos. Eran michoacanos, si no recuerdo mal.
Quiero un cigarrillo.
Pero esperaré hasta el 1 de diciembre: festejaré mis dos años, quizá, con un cigarrito. Uno solo, chiquito.
Al Tex Tex es muy difícil olvidarlo si uno tiene en su alma un poquito de chilango. En mi más reciente incursión al Defe tuve touches de los Muñecos en más de un pesero y eso pos no se puede olvidar. ¿Ha visitado usted su web oficial? En la sección Discografía se pueden escuchar varios temas en MP3.
Y está ésa, que no es el mejor video del mundo, pero que es una muuuy desmadrosa versión de Despedazado. "Tú deberías andar con un muchacho que le guste la música decente, la música grupera, Moenia, o ya de perdida la música de Belinda", le decía la suegra a la novia. Y ésta (tapatía, la desgraciada), un buen día, le confesó que no le gustaban sus tocadas: "Mira, mi reina: a mí me podrás decir lo que quieras, pero a la banda rocanrolera la respetas, hija de tu pinche madre".
Y la vieja que me le hace caso al Lalo.
(USTEDES DISCULPARÁN: HACE AÑOS, YO FUI UN ROCANROLERO DE VERDAD...)
6. El Vaticano tuvo el curioso gesto de reunir a Ratzinger con Hawking. Me los imagino, clarito, jugando póker indio... Lástima por lo de las manos de don Stephen.
Dos leones africanos, dos tigres blancos y dos jaguares negros, además de un macaco al que nadie parece hacerle caso, llegaron al Zoológico Guadalajara. La cosa con ellos es que son las siete narcofieras que fascinaron a la prensa mexicana, luego de un operativo contra la mansión de un narcote en La Marquesa, allá entre el Defe y Estado de México. ¡Son hermosos! No serán exhibidos pronto pero, cuando así ocurra, será una de las pocas cosas bonitas que el mundo del narco le haya dado a la gente. Mis fotos son del periódico Público, pero aquí hay una fotogalería de El Informador.
Velasco, en el periódico, el otro día, puso el mejor disco del rock mexicano a todo volumen y ahora yo mismo estoy oyéndolo, porque es el mejor de todos. De ahí, lo que sigue, pero cómprelo y escúchelo.
Vaya usted a la Presidencia Municipal de Guadalajara y allí, en los portales, encontrará durante el día una expo con venta de DVD's a precio de distribuidor. Es una cosa muy linda, de veras. Yo me compré hoy Cul-de-sac, Bitter moon, Death and the maiden y Repulsion, todas películas del gran Roman Polanski, a 50 pesitos cada una. Ya sé que no son baratísimas, pero es lo más barato que yo he encontrado recién en la ciudad. Paséese, que hay vario puesto puesto vario.
2. Luján, Murray, Chóforo y Evelio, hospitalizados. Uno se puede imaginar cien historias siniestras: ¿qué tal si estaban en una fiesta salvaje, con sexo, drogas, rocanrol, todos juntos, y algo les pasó?
4. La Banda del Pañal sigue dando de qué hablar. Yo prefiero a la banda del Evenflo, que dibujaba Gonzalo Rocha en las Histerietas hace muchos, muchos años. No encuentro links sobre ellos, lástima, pero acá hay dos referencias: una y dos. Eran muy chidos.
5. En América Latina, un cuarto de las jóvenes menores fue madre antes de los 20 años. Luego tienen hijas que son madres antes de los 20 años, y nietas que son madres antes de los 20 años, y bisnietas que son madres antes de los 20 años. Está bien: se harán, en un siglo, novelas maravillosas sobre las tiernísimas relaciones intrafamiliares entre cuatro o más generaciones de mujeres: todas enfermas de rencor, resentimiento, rabia y frustración. Tennessees Williams y Pedros Almodóvar del siglo XXII, ¡a la orden!
7. El Universal, siempre listo para contribuir a la cultura de la imagen femenina, pone un artículo con famosas que han posado en lencería. Sociológicamente indispensable.
Anoche vi The sting y planeo ver hoy Cat on a hot tin roof. Tengo, además, Road to Perdition de Sam Mendes y Torn curtain de Hitchcock. No es demasiado de Paul Newman, pero es lo que hay en casa. Como se ha muerto este año, estoy que extraño mucho al viejo bárbaro de los dos ojos azules. ¿Habrá habido alguien más guapo que él en Hollywood?, se pregunta mi itesiano interior.
Era un actor increíble, eso es claro. En The color of the money borda un papel estupendo, tan entrañable como reprobable, un grado menos simpático que su enorme interpretación de The sting. Pero hay que verlo en Butch Cassidy and the Sundance Kid para disfrutarlo con Robert Redford en todo su esplendor. George Clooney y Brad Pitt, al lado de don Robert y don Paul, son un par de galancitos chafas sin gramo de simpatía. Uno quería ser como don Paul o ya de perdis como don Robert; aquél se comió cruda y sin pelar a Liz Taylor, éste compró a Demi Moore por un millón de dólares nomás por presumir que le sobraban. Eran bárbaros, y don Paul era el mejor.
Supongo que tenía que morirse. Ni modo.
Esta noche lo veré con la hermosa Liz Taylor. Cuatro ojos sensacionales: los dos azules de don Paul y esas dos joyas preciosas que le brillaban en el rostro a la hermosísima Cleopatra.
Bárbaro...
Hace no mucho, Hollywood de verdad era un país de gente extraordinaria.
1. Que vuelve Melrose Place. ¿No sabe usted qué era Melrose Place? ¿Qué tiene usted? ¿Cinco años de edad? ¡Vea la tele! Nomás faltaba que no sepa qué era Beverly Hills 90210. ¡Brandon y Brenda rules! ¡Ser caliente y ser adolescente es cool cuando se es pudiente!
3. Maradona será el técnico nacional de futbol más vigilado del mundo. A él le vale.
4. Joaquin Phoenix deja el cine. Después de ser Cómodo, pocas cosas se dejan con tanta facilidad. Con todo, lo extrañaremos: es sencillamente maravilloso.
6. En Madrid, expo con fotos de Helmut Newton. Muchas chicas sin ropa. ¿No conoce usted a don Helmut? Fue uno de los héroes del desnudo en la foto. Allí está esa pequeña fotogalería de El País y aquí hay un sitio con varios ejemplos de su trabajo. Menores de edad con amplio criterio, no vayan a decir que en Van Zorn ven muchachas en bolas, por favor.
8. Y dos blogs, entre otras cosas, sobre arte. Uno de ellos sobre una chica muy linda y uno que es Punto.Ini de alguien que, como yo, vio Innocence y se quedó pensando todo el día.
1. ¡Consejos sexuales del siglo XIX! Cualquier lectora o lector que se identifique con esto, mejor que piense dos veces qué es lo siguiente en su vida que habrá de cambiar.
5. Y lamento esto y esto. El mundo no cambia un carajo, ¿verdad? Uno piensa que es testigo de una constante, lentísima pero constante evolución, una especie de progreso que tarda pero no se detiene. Y lo que más destaca es siempre el alarmante retroceso, los brincos hacia atrás.
Hoy es nuestra última función de La señorita Julia, el dramonón de August Strindberg. ¿Que en dónde? Que en el teatro Alarife Martín Casillas. ¿Que a qué hora? Que a las 20:30, hombre. ¿Que a cuánto me lo das? Bien quisiera yo decir que a 20 pesos, pero cuestan 80 y 50 y siguen estando baratas, las entradas, ¿a que sí? ¡Venga a verla, que no la repetimos más!
1. La Rotten Tomatoes se aventó su listita y hay en ella bastantes nombres obvios y otros bastante gratos, como dos cintas en concreto de Guillermo del Toro (¡qué de moda se ha puesto!) y dos cintas en concreto de Roman Polanski. La verdad es que da gusto.
2. Y estoy por leer la de cintas animadas, aunque creo que ya las había visto. Pero checarlas.
Parece mentira. En septiembre de 1999 yo estaba viendo el teaser tráiler de la que, más de dos años después, iba a ser la primera de tres películas sobre El Señor de los Anillos. Casi desde entonces, una web española se convirtió en una de mis principales fuentes de información y en una de las primeras páginas que me tuvieron como participante asiduo. Fue El Fenómeno, que, con yerros, excesos y todo, le ha dado por nueve años un espacio auténtico a los fans de ser fans. Nos reunió. Nos dejó reunirnos. Y Eru Ilúvatar sabe que nos gusta estar reunidos. Llegará a ver El Hobbit de Guillermo del Toro. ¡De Guillermo del Toro, caray! Y será genial seguir visitándola.
¡Aiya, Fenómenos! ¡Elen síla lúmenn omentielvo! Es una maravilla festejar sus nueve años, cada uno a nuestro modo.
La vi esta noche. Noche de domingo. Con excepción de un viejo repulsivo y su vulgar mujer, que comentaron sus imbéciles impresiones sobre la cinta toda la noche, desde el primer plano la gente se calló y se permitió seguir la historia.
Yo no sé qué decir. Si mi voluntad fuera más grande, mi vida cambiaría esta noche: sería mejor. Pero el cine no cambia vidas: les da opciones y uno elige, supongo seguirlas o no.
Ha sido un espectáculo pasmosamente bello. El fantástico guión. La confianza del narrador. La cámara magnífica, una elección hermosa de música. El rostro de Emmanuelle Séigner que parece que jamás envejecerá y que seguiremos amándola conforme pasen los años, no es ya esa joven con la dulce apariencia de una beatífica estrella porno de los años de Bitter moon pero sigue siendo una mujer magnífica, Marina Hands y Anne Consigny y otros más del reparto, espectaculares, y Max von Sydow, Dios, gracias, Dios, por Max von Sydow, permítenos a todos llegar a su edad venerable y tener ese sentido del humor y esa honestidad y ese poder para llevarnos a todos a imaginar que somos capaces de frenar el mundo para que nuestros hijos sean felices, nuestros hijos son todo lo único verdaderamente importante, lo demás lo hemos dañado y nosotros nos hemos dañado pero ellos tienen una oportunidad nueva, y Mathieu Amalric, qué decir: gracias, gracias.