viernes, 17 de julio de 2009

Naranjo en flor

"Acobardado como un pájaro sin luz". "Dolor de vieja arboleda". "Y, al fin, andar sin pensamiento". Cuando los cursis reputan las múltiples virtudes del tango —esa música que tan poco respeto le merecía en su tiempo al viejo Jardiel—, pasan por alto que casi siempre "Naranjo en flor" se queda fuera de sus categorías. No es cursi, no es tristísima como un día de luto en Alcohólicos Anónimos, no es zopenca como una cupletista con desengaño amoroso. Es dulce y es cruda, pero tiene más el aire de una confesión religiosa —como cuando le explicas a tus padres que, sí, otra vez estás soltero— que el aire de ese festival de quejas en el que caen todos los borrachos, los desempleados y los majaderos alguna vez, y que evoca, antes que un poema acerca de la decepción, a un concierto de gatos callejeros que chillan porque se disputan los favores de una hembra, que los mira, con su peluda panza y el aburrimiento de una diva, desde una esquina de la azotea. Lo que quiero decir es que tú los escuchas desde la ventana de tu casa, "¡Quién callara a esos animales!", mientras se enojan y alcanzan voces de pecho que son más bien gruñonas que armoniosas, regando los rastros de su saliva por todo el piso, apuntando las uñas hacia cualquier lado; "se van a arruinar la garganta", piensas, y te preguntas si no sería sensato, como en el cliché, tirarles un buen zapatazo. Y algo parecido ocurre con los gatos.

De todas las versiones que he escuchado de "Naranjo en flor", sin embargo, me gusta más la de uno de los campeones de lo cursi en argentino, mi adorado Juan Carlos Baglietto. Qué le vamos a hacer, si yo soy cursi, pero este tango no. Y en Youtube acabo de localizar una bonita versión en la que canta Baglietto, mira tú nada más, con el mismísimo Virgilio Expósito, autor de la música original.



Homero Expósito, el poeta y autor de la letra, era hermano de Virgilio; Homero murió en 1987; Virgilio, diez años después. Aquí hay un buen artículo acerca de Virgilio y aquí hay una ficha biográfica, con una interesante cita del propio señor:

«En el tango se diferencian dos épocas: una de formación y otra de deformación. Aquí comienza mi teoría. En la primera los De Caro, Maffia, Contursi, Manzi, fueron construyendo un altar, piedra por piedra, fue todo un proceso de enriquecimiento, una cultura de la canción que el pueblo conocía y también entendía. Hasta allí la cosa tenía un ordenamiento lógico. Las disciplinas estaban sometidas a los sabedores y el director era el director y el arreglador el arreglador. Después viene la otra época. Es cuando el cantor de tangos se convierte en vedette y comienza a pasar encima de los músicos, de las letras, del director y de todo. Aureolado y aturdido por su propia imagen, como Narciso, reniega de la poesía, deja de someterse, inventa poses, asume un papel de “machieta” y canta para él, no para la canción creada. De esta deformación se salvan pocos, uno es Edmundo Rivero».


Ésta es la la hermosa letra de "Naranjo en flor":

Era más blanda que el agua, que el agua blanda. Era más fresca que el río, naranjo en flor. Y en esa calle de estío, calle perdida, dejó un pedazo de vida y se marchó.

Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir y, al fin, andar sin pensamiento. Perfume de naranjo en flor, promesas vanas de un amor que se escaparon en el viento. Después, ¿qué importa del después? Toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado. Eterna y vieja juventud que me ha dejado acobardado, como un pájaro sin luz.

¿Qué le habrán hecho mis manos? ¿Qué le habrán hecho para dejarme en el pecho tanto dolor? Dolor de vieja arboleda, canción de esquina, con un pedazo de vida, naranjo en flor.


(SUFRIR, YA; AMAR, YA; PARTIR, SUPONGO QUE YA; Y AHORA, ¿ANDO SIN PENSAMIENTO...? INTERESANTE...)

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