viernes, 2 de enero de 2009

Peyton, otra vez el Más Valioso


No es mi jugador favorito en los Potros, pero es el mariscal de campo y casi es imposible encontrar, ahora mismo, uno mejor en la NFL. Es un monstruo obsesionado con el futbol, un furioso y estricto loco que memoriza y reorganiza jugadas y coordina la ofensiva de su equipo cuando al coordinador ofensivo le da por pensar que tal vez el muchacho sabe lo que está haciendo, se lo toma todo tan en serio que al público de Indianápolis —famoso por sacar de quicio, hasta el llanto, a los QB contrarios con su escándalo y su ruido, y créame, lectora, lector, que allí hacen ruido cada que hay una tercera oportunidad para el equipo rival— lo ha callado varias veces porque no lo deja pensar. Antes se ponía nervioso con la presión y las fallas de su bolsa de protección, todavía hace tres añitos; casi nunca tiene necesidad de resolver una jugada desafortunada corriendo y, por lo tanto, no es común que lo lastimen. Y, ah, claro: cambia jugadas justo antes de sacarlas como compulsivo. ¿Quiere usted alguien que lance profundo y, casi a ciegas, se entienda de verdad con sus receptores? Busque a Peyton Manning: vive para el futbol, según dicen en Indiana; sus números apabullan; es una superstar de los comerciales; su brazo es fiable, su cólera es seria, su sentido del humor es peculiarísimo; la gente lo quiere. Y es la onda, el desgraciado.

De allí que me dé como bastante alegría que lo hayan nombrado, por tercera vez, Jugador Más Valioso de la NFL. Otros candidatos, como el temible Petersen de Minnesota o el imparable Williams de Carolina, merecen todo mi respeto (digo que Peterson es temible y no exagero: véalo correr, por el amor de Dios). Manning tiene mi admiración garantizada. No todas mis simpatías, que para eso están el fantástico Addai, los apreciables Harrison o Wayne, Sanders que es la onda o mi primo Tony Gonzalez, o Dallas Clark que tiene lo suyito.

Pero allí está Manning. Imposible imaginarse a los Potros de Indianápolis, hoy, sin su presencia, como sería imposible suponerla sin Tony Dungy.

Hace cinco años escribí una semblanza del sujeto, cuando no sabía yo nada del futbol americano. Fue su primer nombramiento como MVP... y una de esas temporadas en que los malditos Patriotas lo echaron todo a perder. Luego vino el Súper Tazón.

Lo demás es muy, muy divertido. Suerte este sábado, Peyton.

(GO, COLTS!)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pobre.... Como sufrira el sabado ante mis chargers