sábado, 13 de octubre de 2007

El Tri

En esta mamada de portada dice
Reboté quince, diez años, escuchando dos discos caídos derechito desde el Soulseek. El Tri en vivo en la cárcel de Santa Martha y Otra tocada más, dos auténticas piezas de colección de lo que uno escucha no sólo cuando está medio borracho, sino también cuando lo mejor que le ha dejado el rock es una propensión al desmadre cabezadura y ganas de pegar de gritos ante quien se deje. Yo, a los catorce años —sépanlo, amigos míos que hoy son adolescentes—, era insoportablemente rocanrolerito. Y esos años quedaron atrás, pero el rocanrol, digámoslo así, nunca muere.

El Tri, en sus mejores años, era pestilente. Hoy se ha podrido y su mal olor se ha intensificado aritmética, no, mejor dicho, exponencialmente. No hay nada más sebo en el mundo que El Tri de Lora cantándole a la virgencita o al grillito cantor con la espantosa Chela Lora por un lado. ¿Y un aura de ética pundonorosa los revestía en los años en que iban y se metían a Santa Martha a cantarle a los presos? ¿Y una crisálida de pureza rebelde los protegía cuando le cantaban a la vieja de Caro Quintero o afirmaban, con imprecisión fabulosa, que con la lana que se paga un domingo en las carreteras de cuota se podría dar la vuelta al mundo y comprar varios kilos de mota? ¿Y son mejores por no sonrojarse de haber escrito una letra como "Lágrimas en la lluvia" donde recuerdan "los miles de cuerpos en Tlatélolco" y protestan contra los crueles "granáderos", porque esas mamadas de la métrica nomás no se les daban?

La respuesta correcta es No, ni madres. Pero yo fui adolescente por entonces, y aquellos años me permitieron descubrir el amor y los celos y la envidia y el onanismo y la literatura y el suicidio y el malditismo y el gel para pararse o peinarse emo los cabellos cuando los emo malditos sean no se habían aparecido ni en las pesadillas más babeantes de la MTV y a Jean Genet y a Bukowski y al viejo perro duro Dostoievsky y a Hemingway y a The Cure y a los Rollings y las carcajadas por la existencia bendita de Kiss y las caguamas y el vino barato y la indiferencia venenosa que es lo único que se merecen los profesores de la preparatoria y la enceguecedora pasión por la adolescente que tenía entonces el par de ojos más hermoso del planeta y el rocanrol, carajo, los toquines en la plaza de toros o en la arena de lucha libre o en un estacionamiento con piso de tierra lleno de vidrios de cerveza que se te encajaban en las botas y en las manos si te tiraban al suelo en el slam, y la entrada costaba cinco ridículos pesos, cinco ridículos pesos, repito, era más cara una cajetilla de cigarros Alitas, y las caminatas a deshoras temiendo patrullas sin razón y huyendo con toda la razón del mundo de una pinche camioneta de putos judiciales méndigos que quién sabe si traían ganas de bajarle a uno una feria o meterle un par de tiros para entretenerse, y el grunge y Cobain y el punk y el pop británico que sabía a elegancia pero dolía en el páncreas ah y el metal, el rubor del metal desde el speed hasta el heavy pasando por el death y el trash, y muchos, muchos otros argumentos para pasar por idiota en la corte de argumentos idiotas generacionales.

Yo ya fui adolescente y no volveré a serlo, según me parece. Por ahí andan muchos que no parecen, ni quieren serlo, y lo son en vergonzantes formas. Pero yo no siento vergüenza, y mañana le presumiré a mi novia mi disco con Otra tocada más y Santa Martha quemado en mi iTunes, y le diré que estos discos horripilantes los escuché y bailé y memoricé cuando ni siquiera imaginaba que alguna vez tendría computadora en casa con un quemador de cedés. Y ella me dirá, supongo: Iván, no mames, y pondrá Millenium bella música o la Udegé o ve tú a saber. Y yo le contestaré:

Renuuuuncio
¿¡Ya no quiero trabajaaar!

Y le diré que

El amor
Es nocivo para la salud
El amor
Te hace tanto mal
Que te puede romper
el corazón.

(Y SAQUEN UN SEGURO DE VIDA A MI NOMBRE, AYAYAY, ¡Y DIOS BENDIGA A LA BANDA Y AL ROCANROL!)

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