martes, 13 de noviembre de 2007

¿Por qué no te callas?

Zapatero ha hecho lo que ha debido hacer: explicar a los oyentes, explicar a los testigos, explicar a los públicos y a sus propios representados, que no estaba de acuerdo con lo que podría haberse considerado un desliz de parte de Hugo Chávez. Porque deslices ocurren, y uno va y se disculpa por ellos y asume, desde entonces, la posición de quien sabe que debe cuidar sus palabras. Y los repite y entonces se disculpa de nuevo, y se esfuerza el doble por que se su boca no le traicione; o su cerebro, que para eso la cortesía es el arte de escoger entre los propios pensamientos, según decía la madame de Stáel. Y sin negarle a Chávez el derecho a haber metido la pata, le ha dado la oportunidad de ver el complejo y sutil entramado general de la cosa: mire, señor presidente, que es una contradicción ofensiva que intentemos entablar acá un diálogo y venga usted y lo descalifique y luego se enterque en descalificar los que descalificamos su descalificación; mire, señor presidente, no, déjeme hablar, déjeme hablar que ahora que me explico necesito hablar y que usted, que ya ha tenido su oportunidad de decir lo que piensa, ahora debe pensar lo que yo digo, no, mire, déjeme hablar. Y ha intentado dar la vuelta y detenerse y tener paciencia y no comportarse como Chávez, no comportarse como el otro, no ser el que comete el error que quiere denunciar. Y ha hecho tal gala de su paciencia y de su tolerancia y de su cortesía y de su buena educación, que ha exasperado a alguien más viejo y menos paciente, pero decididamente más práctico para solucionar las cosas cuando uno intenta explicarle la cortesía a un chango, cuando uno intenta ser elegante con un retorcido brutazo, cuando uno intenta ser amable con un cavernícola.

Y el Rey ha dicho:

¡Tú! ¿Por qué no te callas?

Y pongo los signos de interrogación porque me gusta lo que aprendí en la escuela, que, si no, los quitaba, y sentiría que escribo algo más cercano a lo que el Rey ha dicho: cállate, cállate que callarnos no va a callarnos, cállate que nos debes un mínimo de atención. CÁ LLA TE.

Y mira lo que son las cosas: a mí Chávez me revuelve los intestinos de asco, pero esta vez no he evitado ir al YouTube, sino que lo he hecho. Y he terminado. Y ahora, por una vez, y no sé si lo repetiré pero qué triunfo de la exasperación sobre la majadería: ¡Viva el Rey!

Ay, ya lo he dicho.

Don Guillermo Sheridan ha sido menos cándido que yo y ha planteado que el Rey lo encanta. Que es cierto.

Por una vez, ¿no habría sido maravilloso ver que encarcelaran a aquel que desobedeciera a Su Majestad? Y el majaderazo ése, ¿se va a disculpar? Ja.

(QUE TE CALLES, GORILA!)

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