jueves, 19 de febrero de 2009

El viejo Strindberg


Cada vez con más frecuencia, Strindberg se creía mal visto y perseguido. Tenía un temor muy concreto a las instituciones psiquiátricas. Manifestaba sospechas infundadas, se mostraba decepcionado cuando el "enemigo" se mantenía quieto en vez de reaccionar; y desarrollaba luego un odio imborrable, cuyas consecuencias la persona afectada debía afrontar durante toda su vida. Su euforia juvenil de la época berlinesa "tenía un resabio particular. Su desconfianza, las injusticias cometidas contra otros, la conciencia de haberlos ofendido, el miedo a su venganza, siempre desempeñaban algún papel. Su imaginación siempre se embalaba. Capaz de darlo todo por un amigo, sólo necesitaba un sueño para creer lo peor de esta persona y para actuar de la manera más decidida contra ella". "Por muy estrecha que pareciera, no existía la relación de amistad tras la cual no acechara en él la desconfianza, que se descargaba en súbitas erupciones de las calumnias más malignas e infundadas".

De Karl Jaspers: Genio artístico y locura. Strindberg y Van Gogh. Traducción de Adan Kovacsics. El Acantilado, 2001. Capítulo "Patografía de Strindberg".

(DAMN!)

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