Este miércoles, el presidente del Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco (CCIJ) se aventó una de las declaraciones más infames que he leído en meses. Que opine si está bien o está mal que el gobernador del estado dé dinero público para construir un templo católico, es cosa suya. Que critique a quienes se quejan ante Derechos Humanos por ese donativo, es cosa suya. Pero que los insulte, que desestime el derecho de más de 3,600 personas a exigir explicaciones al gobernador al respecto de este uso del dinero de todos, es otra cosa. Ésta es una cita genial:
“Yo les garantizo que de los 3,500 [quejosos] la gran mayoría no tiene empleo [...] Les deberían de preguntar si tienen un comprobante de que trabajan, porque la mayoría de esas gentes no trabaja en nada. [...] Son los mismos que se quejan de todo, los que no tienen trabajo [...] Sí tienen derecho a manifestarse, pero también tienen obligación de ponerse a trabajar. Lo que no se puede es que Jalisco se detenga por personas que no tienen qué hacer y van de un lado a otro al tema de manifestación de moda”.
Podrá usted, oh desempleado lector, oh lectora desocupada, leer el resto de la nota de Patricia Romo Sahagún este jueves en Público. Consulte www.milenio.com y váyase, arriba, a la pestañita roja que dice Guadalajara. Le encantará.
(¡PONTE A TRABAJAR!)
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