jueves, 6 de diciembre de 2007

Cool... or not?

Ésta es la cosa más auténticamente terrorífica que he visto en meses. Debo contársela al tipo de La Tetona de Fellini, porque, que da miedo, da miedo; y que es de cine, es de cine.

(Y YO QUE ODIO A LAS CUCARACHAS...)

Gran nota, pésima presentación, redacción pobre

He aquí una nota de El Universal que recuerda que en 1990 se lanzó el chat de Unix. Yo lo usé. Y usé ICQ durante, por lo menos, cuatro años. Y luego fui fan de Messenger y toda la vida he odiado el chat de Yahoo y el poco lindo chat de Google. Soy un hombre de chats. Así crecí.

Por lo tanto, no me gusta esta nota.

Lo Sien To.

(ODIO LOS EMOTICONES... NORMALES)

miércoles, 5 de diciembre de 2007

¿Se siente usted viejo, igual que yo?

Cuando era más joven viajé en sucios trenes que iban hacia el norte y dormí con chicas que lo hacían con hombres por primera vez. Compraba salchichas y olvidaba luego pagar el importe. Cuando era más joven me he visto esposado delante del juez. Cuando era más joven cambiaba de nombre en cada aduana, cambiaba de casa, cambiaba de oficio, cambiaba de amor. Mañana era nunca y nunca llegaba pasado mañana. Cuando era más joven buscaba el placer engañando al dolor.

Dormía de un tirón cada vez que encontraba una cama. Había días que tocaba comer, había noches que no. Fumaba de gorra y sacaba la lengua a las damas que andaban del brazo de un tipo que nunca era yo.

Pasaron los años, terminé la mili, me metí en un piso, hice algunos discos, senté la cabeza, me instalé en Madrid. Tuve dos mujeres, pero quise más a la que más me quiso; una vez le dije: "¿Te vienes conmigo?", y contestó que sí. Hoy como caliente, pago mis impuestos, tengo pasaporte, pero algunas veces pierdo el apetito y no puedo dormir y sueño que viajo en uno de esos trenes que iban hacia el norte. Cuando era más joven la vida era dura, distinta y feliz.

Dormía de un tirón cada vez que encontraba una cama. Había días que tocaba comer, había noches que no. Fumaba de gorra y sacaba la lengua a las damas que andaban del brazo de un tipo que nunca era yo.

(DEL VIEJITO DON JOAQUÍN, PUECH)

Las insólitamente feísimas imágenes de Aurora

Es que estaban taaan feos. ¿Qué onda con el maquillajito, Alfonso? Al menos, cuando ya eran Caifanes, se escudaban con aquello de que no, es que somos bien darketos. Pero chaaaaale.

(DIME SI LA LUNA ES DE QUEEEESOOOOO)

martes, 4 de diciembre de 2007

Ya. Y yo conozco a una de las peores

La vi. La vi de cerca. Seguro que la vieron también en los stands, y les pareció tan hábil que, mesmerizados, no osaron intervenir en sus veloces e indiferentes hurtos. El placer del robo no es el robo en sí mismo: es su repetición. Imposible que un criminal así se salve, pues volverá siempre al lugar de los hechos: ¿de qué otro modo sería un ladrón mínimamente feliz?

Todos los años hay una nota sobre robos. La de El Comercio es buena. Les faltó entrevistarme: pude hablarles hablado mucho sobre el tema.

(¡EL MAR, EL MAR!)

Posteo de pura huevita


Para el caso, mejor veo el famoso número de las Danzas húngaras de Chaplin en El gran dictador. Es simple. Es claro. Es cabroncísimo. Es Chaplin.

Y hagan el favor de no estar chingando.

(NO SOY DERNIER, PERO CÓMO ME LE PAREZCO)

lunes, 3 de diciembre de 2007

Cómo odio a los Patriotas

Los chingados Cuervos de Baltimore: para eso me gustaban. ¿Qué onda con esas yardas extra? ¿Qué onda con esas faltas justo cuando menos hacían falta? ¿Qué onda con los dientes de Brady? Si iban a tumbárselos, ¿por qué no los tumbaron y se dejaron de tonterías.

Si llegan invictos, carajo. Pero maldita sea, Baltimore: de aquí en adelante, no confío en ti.

Mala onda.

(LOS VENCEREMOS EN LA FINAL DE CONFERENCIA AUNQUE SEA LO ÚLTIMO QUE HAGAMOS, ¡LO ÚLTIMO QUE...! BUENO...)

Fade into you

Te fascinan las moles imparables,
las inútiles máquinas sin voces
que irrumpen en escándalos de caos
y de dulce armonía que no comprendes.

Un atónito alto, un fascinado
ahogarse las palabras, un destello
de luz que se refleja sobre plata
y que arrebatan las ruedas de hierro.

Nada te dicen hoy, descomunales,
y al futuro le pesa este silencio:
no vayas con los trenes, puedes verlos

y no desees seguirlos, tú que vives
muchos siglos después de sus periplos
hacia nidos perdidos de fantasmas.

(QUIHÓBOLES, PUES)

El mar, el mar

Ayudé a robar libros.

Yo pedí que robaran ése en específico.

Esta mañana lo he abierto y he comenzado a leerlo en un camión.

Qué bendición.

Luego entré a un cajero y lo he perdido.

Iba en la página 40.

Quizá me lo merezco.

(BUÁ)

sábado, 1 de diciembre de 2007

Otra vez

Cuando algo chido se acaba, pero uno está tan cansado que no puede negar que quería que se acabara, se acaba y le deja a uno un vacío lleno de gusto. "Lo he hecho bien. Lástima que terminara", piensa.

Se acabó la Fil. Lo he hecho bien, creo.

Lástima que terminara. Otra vez: lástima que todo termine.

A lo que sigue.

(¡QUIERO ESCRIBIR, CARAJO! ¡WOW!)

De Wylosz (un poeta recién conocido)

Un deseo es un error.
Un encuentro es un error.
Es un error quedarse. Sonreír, un error.
Es un error que se extiende en la vida y congela los músculos del rostro.
El destino sabe equivocarse allí,
y el mundo, no obstante,
como no se detiene,
nos asombra.
Toco una piel extraña. Es un error.
Salgo huyendo también. Es un error.
Esta vida que vivo,
la que vives,
las vidas que vivimos:
un error.


(...)

viernes, 30 de noviembre de 2007

Don Rubem

La foto es de Marco Aurelio Vargas y la he usado sin permiso. Espero que no le moleste, porque la considero una pequeña maravilla de retrato
Nosotros permaneceremos, nosotros escribiremos. Lo dijo hoy don Rubem Fonseca. Mi corazón sabe que confío en él, que me hace feliz.

Gracias, viejito chidísimo.

(¡¡¡!!!)

Dios, Dios, Dios

Dios. Dios. Dios. Dios. Dios. Qué mierda. Los católicos son, por lo regular, preocupantes. Los católicos enardecidos que participan en congresos de griteríos que celebran al Dios católico son inquietantes. Los que, además, producen niños de este talante, honestamente, son locos.

Pero ¿qué había de esperar uno? El mono y la mona producen monitos. El idiota y la idiota producen idiotitas.

Dios. Dios. Dios. Qué lejos me siento de todos tus hijos.

(¡YO NO SOY DE LA EVOLUCIÓN!)

Yo la mataba

¡Yo no choqué, me chocaron!. La chica no necesita presentaciones. Es la onda. Junto a ella, Pedrito Ni Merga hasta naco se ve, caray. Y efectivamente: la más asombrada es la Dramardilla. Ay, You Tube: cómo me alegras el día.

(O SEA, ¡PFF!, O SEA, ME PEGÓ MUY FUERTE EN LA CABEZA)

Zoey Zane

El caso es tan extraño, que no parece real. Entre tanto pinchi escritor aficionado a las adolescentes sexualmente activas y los asesinatos y el porno y cosas más o menos vinculadas, me parecería raro que no apareciera una novela la semana que viene. O quizá el fin de semana.

Pobre Emily. Pobre Zoey. Como en el corrido de Rosita Alvírez, una está en el cielo dándole cuenta al Creador, la otra está desapareciendo de internet y hasta de su blog. Ayayay.

('GARREN AL 'PÓLITO ÉSE)

jueves, 29 de noviembre de 2007

Yo soy uno de esos nueve

Pero, ¿por qué les parece tan impresionante? Todos lo sabemos hace años.

(LA BRONCA ES QUE LUEGO SALEN CHAFAS, PERO, BUENO: CUESTAN DIEZ PESOS!)

En la FIL no hay Strindberg y Gil ha muerto

Las editoriales llegan con sus catalogototes y estantes pizcados. Ni modo.

Estoy algo molesto. Hay tanto que leer, ¿por qué preocuparme por comprar?

Ni modo.

Gil ha muerto. Lo queríamos mucho.

Honremos a Gil.

(SNIF, SNIF)

Y el Cervantes es para...

Hoy lo sabremos. ¿Te imaginas que lo ande ganando don José Emilio? Ay, ay de la FIL..

(¿Y VILA MATAS O MARGO GLANZ QUÉ TAL?)

Calma


Cada cabeza es un mundo.

Y todo lo que quieren los otros mundos es controlar el tuyo.

(aislarse, según parece, al menos aislarse del todo, no es la opción...)

(chingada madre...)

(¡DÉJENME EN PAZ!)

martes, 27 de noviembre de 2007

Varios días sin postear: días de FIL

Hace un par de años tuve que dejar la FIL porque mi director consideró que yo requería un cierto disciplinamiento. No me he disciplinado y estoy de regreso: produciendo páginas, talacheando, pero en la feria. Libros, muchos y muy caros. Multitudes de tapatíos fresitas que cambiaron el kiosco del jardín por la Expo Guadalajara. Editores tristones resignados a sufrir cien o doscientos robos y que desayunan expresos todas las mañanas para enfrentarse al competido mundo del mercadito editorial. Extranjeros sonrientes de barbas mal rasuradas o intrépidas faldas para cincuentonas elegantes pero combativas, que compran cajitas con una docena de libros sencillos que consideran indispensables para las bibliotecas gringas o los estantes de otra feria editorial en el planeta. Meseros de mal humor, serviciosocialeros de mal humor, taxistas de mal humor, más meseros de mal humor, langostas vivas de mal humor porque saben que algún invitado con ínfulas excéntricas pedirá que se las sirvan bien cocidas termidor. Ceniceros que sirven para que te regañen porque no se debe fumar. Cuarentonas convertidas en heroínas del workaholismo que vomitan estos días todo lo que no pudieron hacer sentadas ante un puto teléfono el resto del año en una oficina demasiado fresa para llevar a sus ligues de fin de semana y demasiado miserable para presumir con sus amigos del oficio. Un montón de chilangos que miran por encima del hombro los progresos y el oropel efímero de la provincia. Bolitas de adolescentes y universitarias nalgonas, de figuras serpeantes y maquillaje fugaz y breve cachondeo con hombres de pasillos alfombrados que no se detendrán, oh, no se detendrán para decirles nada. ¿Dónde estuvieron todo el año, chicas del mural escolar? Comida rápida indigesta y cara. Muchedumbres, ruidosas, malolientes, que ponen a prueba la tolerancia de quienes estudian el comportamiento de las muchedumbres y echan a andar motores de simulación por computadora que líbrenos Dios no servirán si alguien se le escapa un cerillo mal apagado en un rincón condenado del triplay y el papel y los empaques de plástico. Todavía pocas máquinas para cobrar con tarjeta de débito. Refrescos de lata cuyo precio equivale al de un tinaco de agua potable. Representantes universitarios que hacen lo mismo que todos los años. Carriolas de mierda tentando al peligro. Ancianos endurecidos por la terquedad o el aburrimiento tentando al peligro. Escritores atildados o empavonados tentando al peligro ora por la ninfofilia ora por la hipertensión. Tardes de sol que azota con la furia de un minibusero humillado. La majadería de los reporteros en plan paparazzi-mata-ex-princesa-de-Gales. Rechinar de dientes por placer o por estrés en las oficinas de quienes detentan el poder este año. Y libros. Mierda, libros. Cientos y miles de libros que no leeré, que no podré comprar, que podría tener en casa para cuidarlos como otros no sabrán cuidarlos. Libros que me hacen falta, libros que serían mis amigos, libros que dormirían junto a mí en noches de un placer íntimo e incomunicable que tienen la gracia de Stevenson o la belleza de Joseph Roth o la bilis de Martin Amis o el breve y sencillo genio encapsulado de Verónica en El ángel de Nicolás. El teatro de Pinter de Brecht de Beckett de Strindberg de Ibsen. Shakespeare en ediciones a prueba de tontos. La obscenidad de los precios de Siruela o de El Acantilado. Kertész. Odiar a Tusquets porque agregan un cero en estos nueve días. Odiar a quienes saben robarse los libros que les importan y que sabrán amar como si se robaran a una novia por el zaguán o por el ventanal trepados en el lomo de un caballo de jornales, deshonrarlos y que ya no los quieran en casa y se queden con uno, a vivir y a fundar una casa. Sufrir de alegría cuando bolsas con asas de fibra se incrustan y calan en los dedos porque pesan demasiado. Descansar los pies, limpiarse el sudor de la frente, dar gracias a todos los dioses porque habrá algo de libros que presumirle a la buena familia tapatía y sus exagerados tickets de compra con sus precios fuera de órbita. Dar gracias a todos los dioses porque un buen día dice uno: "Ahí va Rubem Fonseca", y uno siente en el corazón el pálpito de quien le agradece a un viejito calvo y bajo uno, dos cuentos magníficos. Allí está, está vivo. Y, si no, están vivos sus libros, y extienden sus manos al corazón de quien pasa frente a ellos, léeme te dicen. Qué ruido mundanal, qué escándalo, y debajo de él, las voces, Quevedo, de tantos, nobles muertos.

(¡QUIERO IR PUES A LA CHINGADA FIL!)