martes, 1 de abril de 2008

Esperando a los bárbaros

Lea usted a Coetzee: lo salvará de la estupidez.

O no, pues. Qué culpa tiene el pobre señor.

Pero Esperando a los bárbaros sí que conseguirá licuar en usted las piedras que se nos forman en el corazón conforme envejecemos.

El espacio que aquí nos rodea no es más que espacio, ni inferior ni más sublime que el espacio sobre las chozas, las casas, los templos y los despachos de la capital. El espacio es sólo espacio, la vida es sólo vida, igual en todas partes. Pero en lo que a mí respecta, mantenido por el trabajo de otros, carente de vicios civilizados con los que llenar mi tiempo libre, alimento mi melancolía y trato de encontrar en el vacío del desierto un sentido histórico especial. ¡Vano, inútil, equivocado! ¡Menos mal que nadie me ve!


No llore al leer.

Se mojan los libros.

(¡LEO!)

No hay comentarios: