martes, 20 de mayo de 2008

Post 1,000

Mi nombre es Iván González Vega. Mi madre fue operada hace unos días, mi hermana está con ella aunque vive en Indianápolis, trabajo en un periódico, hoy cumplí dos años de noviazgo con mi pareja, tengo una incansable rocola interior, la cultura de una gigantesca enciclopedia (pero con la mayoría de las páginas emborronadas) y varios problemas psicológicos cuya gravedad oscila entre lo ridículo y lo súper preocupante. Pongo nombre a mis muebles y a ciertos juguetes que conforman una especie de granja personal sólo por mí comprensible. Siempre he considerado una actividad nobilísima la literatura, pero la prefiero como lector. Estudio actuación en teatro y ya fui Juan, de La señorita Julia de Strindberg, cosa que miles de actores alrededor del planeta no pueden presumir. No soy feliz, pero tampoco quiero serlo. En el pasado he odiado a la gente sin discriminación; hoy discrimino pero descubro con gracia que igual odio a la enorme mayoría de conocidos y desconocidos. Amo a mis amigos, lo cual debería ser un pleonasmo pero este mundo asqueroso es capaz de vulnerar incluso la deliciosa poesía de todas las lenguas. Además, si soy honesto, prefiero al más insoportable de mis amigos que a todos los placeres del mundo. Tengo dos peces, se llaman Fabián y Lucas, y ambos sufren una progresiva demencia peligrosa. Sueño con que los Colts de Indianápolis ganen de nuevo un súper tazón. Tengo los sueños de una ballena, supongo: quiero decir que no ha nacido un ser humano capaz de introducirse en ellos porque requeriría otra mente, otro cuerpo, otro espíritu. A veces creo que me importan por igual Tom Tykwer, Joaquín Sabina o Robert Louis Stevenson, y no he terminado de arrepentirme de lo anterior. Pero nada hay más grande en este mundo que la poesía de Jorge Luis Borges, que será eterna. Quisiera que el tiempo se detuviera en este instante justo, que no hubieras leído, ay lectora, ay lector, estas letras nuevas y estas nuevas palabras. Padezco el mal de la medianoche, suficientemente glosado por Grady Tripp, el narrador de Wonder boys, la espectacular novela de Michael Chabon. Prefiero un viaje por carretera que un premio de cualquier naturaleza. Quisiera haberme perdido y no haber existido nunca. Pero soy éste, el que soy, y en mis ratos libres, que hoy son tan pocos que me desesperan, hago cosas que ninguna otra persona querría entender. Y a veces, también, escribo en este blog, que hoy ha llegado a su post número mil.

Gracias por leerme con tan sincero, apreciable, fantástico descuido.

Gracias.

(VAN ZORN!)

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