domingo, 25 de mayo de 2008

Cierren todos la boca y bajen la cabeza: Wong Kar Wai camina entre nosotros



Coincido con la idea general de que My blueberry nights (acá, sitio en español, y además miren de dónde he tomado las fotos) es considerablemente menor que las mejores películas de Wong Kar Wai. La he visto hoy en el cine, y he lamentado bastante la calidad del guión, sobre todo respecto a los diálogos. Pero a la mitad de los críticos se le olvida que Wong Kar Wai pone la historia y el discurso en los cuerpos de sus personajes, en su iluminación, en sus colores, en su puesta en escena, en su edición, en su música. Deja con dudas la elección del explícito, preciso, literal, ilustrativo inglés, mucho menos sugestivo —para nosotros, sus públicos en Occidente— que cualquier lengua oriental empleada en otras cintas; pero una cinta en inglés puede haber sido una cinta auténtica de Wong Kar Wai con la mitad de esos diálogos y esa justa dosis de portentosas interpretaciones que todos podemos ver por 48 pesitos en el Centro Magno.

Portentosas, he dicho, y no me retracto de una sola letra de ese adjetivo.



Wong Kar Wai cometió un exceso, que quizá sea achacable a su guionista colaborador. Admitido. Pero la película está allí: densa, humana, equivocada en el lenguaje escogido para su usual poesía pero poesía al fin y al cabo. Y en la luz, la edición, la música, la puesta en escena, el sonido, el discurso, su ética, su erotismo. Y en los benditos cuerpos de su reparto: Jude Law, impresionante, en su elemento, capaz de inyectar su encanto natural y sus años de tablas y tablas y tablas y mañas a un personaje dificilísimo. David Strathairn, superior: no hay en él un solo momento que no sea genial. Natalie Portman, de nuevo, increíble, elegantísima con la clase que sólo su rostro y su natural talento pueden traerle al personaje. Y Rachel Weisz, que me hizo persignarme en la sala de cine con sólo aparecer —lástima que tarda poquitititito en arrancar—, maravillosa hasta un grado que sólo puede esperarse con Wong Kar Wai. Tan brutal desfile de talentos hace una película digna de Wong Kar Wai: es mérito suficiente para hacerla figurar junto a In the mood for love... en el mismo librero, no necesariamente en el mismo anaquel.


Un solo error: un solo, lamentable, temerario equívoco, por una apuesta muy alta a favor de la autenticidad que fracasó al llevarse de corbata a la técnica: Norah Jones, lastimosamente minimizada ante la presencia de ese cuarteto de actores de primer nivel y de los dos o tres secundarios clave, pues la rebasan por una sola cosita pequeña: ella no es actriz. Ni de lejos. Casi cualquier joven actriz con el perfil físico de Norah Jones podía haber rendido un trabajo que reaccionara de hecho a la dotación de estímulos emocionales e intelectuales que le dirigen sus compañeros, escena a escena. En Norah no hay reacciones, no hay respuestas: hay sentimientos hacia adentro que no salen de su cuerpo. No dudo que haya sinceridad, pero el más trivial gesto de Jude Law, por decir algo, tiene mayor poder narrativo que las escenas donde más se esfuerza Norah. Es una lástima. Sus canciones funcionan muy bien en la cinta.


Entiendo a don Wong: admiro su cine hasta la veneración: dice las cosas que yo diría, como quisiera decirlas yo. Opino con libertad: Wong Kar Wai es el mejor director vivo de todo este planeta. Y lo admito: lejos está My blueberry nights de Happy together, de 2046 o de su más cercana pariente, la dupla de Chunking Express y Fallen angels (en el Blogdecine prefieren emparentarla con Days of being wild). Pero es una película de Wong Kar Wai. No verla es ser incapaz de separar, como espectador, la superficial capa de discursos de la profundísima, deliciosamente humana inagotable veta de historias que don Wong nos cuenta. Ya enmendará el camino. Y ya la crítica le perdonará la vida. No le hace ninguna falta, ay lectora, ay lector: ve tú a ver My blueberry nights con paciencia y calma, y sonríe: mírate en ella como en un espejo.

PSPerdónale, lectora, lector, a los subtituladores en español, la garrafal elección de este caso: la cinta se llama Noches púrpura.

O, ¿sabes qué? No le perdones ni madre y, donde los veas, pégales de mi parte a esos pelmazos.

(NATALIE!!!)

No hay comentarios: