martes, 16 de diciembre de 2008

El grave caso de Dulce Sarahí

Al principio fue chistoso. El más reciente video de Dulce Sarahí es simplemente penoso, pero no por ella, que seguramente se metió hasta la sal de la mesa. Escuche usted, puritana lectora, mochito lector, las atinadas observaciones de los periodistas que conducen la difusión de la noticia. Y muérase de la vergüenza.

Qué mierda de televisión tenemos en este país. Dulce: sigue en la peda, mija, y un día nos encontraremos por ahí.

O no. Mejor no.





(¡REPORTERILLOS! ¡TÓMENLA, BABOSOS!)

Tráiler de X-Men Origins: Wolverine

X-MEN ORIGINS: WOLVERINE HD


Tengo otros tráileres por postear (incluyendo los pasmosos poquitos minutos de una pasmosa interpretación de Benicio del Toro para dejarlo a uno sin aliento: ¿cómo lo hace?), pero, francamente, me quedo con éste.

(WOOAAAAAH!)

Rachel Weisz, Gatúbela


Por mí, encantado. Encantadísimo. Y no se debe olvidar que Gatúbela es un personaje de origen perfectamente claro gracias a Frank Miller y su Batman: Año Uno, del que se sirvieron Nolan y Goyer para varias de las ideas de Batman begins (Flass o Falcone, por ejemplo). Una nota de Europa Press da un poquito más de datos, y una declaración bonita de Nolan.

Estoy sencillamente feliz. Feliz. Rachel Weisz es ideal para Gatúbela. Ojalá quiera. Ojalá pase. Ojalá Nolan y Goyer y Bale persistan. Y Freeman y Caine y Oldman, oh, Gary Oldman. Y Murphy, no olviden a Cillian Murphy.

(YES!)

¡Qué bonitos!


No logro linquear la foto, pero Downey Jr y Law de Holmes y Watson se ven padrísimos juntos.

Qué día tan cool en posts de cine, caray.

PS
Rotten Tomatoes sí me dejó grabar la fotito.

(JEJEJE)

Dos notas de Óscar


1. Hay quince pelis listadas como aspirantes a integrar la lista de nominadas al Óscar de Efectos Visuales. Como no habrá nominaciones completas hasta el 22 de enero, es un buen listado para ir previendo lo que ocurrirá de aquí a entonces. Está The Dark Knight, está Iron Man, está Hellboy II, está la obvia Benjamin Button y está Quantum of Solace. Además, Australia y Hancock. Creo que entre las primeras que listé saldrán las tres finalistas, y en todo caso alguna de las últimas dos. Como creo que Iron Man recibirá pocas nominaciones, si no es que sólo ésta, me encantaría que se lo dieran. Ya veremos.


2. Hugh Jackman va a presentar la ceremonia. Me parece recontrapadrísimo. Hugh Jackman es muy cool. Con el Blogdecine, opino que faltará ver qué tal le va a Australia en las nominaciones.

(SERÁ UN AÑO DE ÓSCAR COOL)

Savater, ESDLA, Las hadas


Si los protagonistas positivos del Lord of the Rings supieran ser siempre y en todo caso fieles a su buena voluntad, el libro de Tolkien perdería toda intriga y sería la crónica de una victoria ininterrumpida. Pero la gran baza del Mal es hacer dudar al Bien de su fuerza, mermar su coraje con el tentador espectro de la posibilidad de la derrota. El espectáculo del Mal, de esa fragilidad intensa, hace vacilar el incorruptible vigor del Bien hasta hacerle olvidar su vocación necesariamente victoriosa: su condición triunfal especula con la posibilidad insólita de caer...


Savater habla en La infancia recuperada del poema de Robert Browning Childe Roland to the Dark Tower came. La imagen es La cabeza maléfica, de E. B. Jones, y Savater recuerda cómo se parece al momento en que Galadriel muestra a Frodo el Ojo de Sauron en su Espejo. Y sí: sí: cuántas mayúsculas.

(POR FIN, ÁLEX, LA AVENTURA)

Un acierto, uno al fin, en mi prosa

El infinito alivio de la esperanza.

(En el texto de una conferencia sobre ESDLA) (sí, yo di conferencias) (dos, pues) (jaja, jaja, ja).

(AHORA QUE, SI LO PIENSAS...)

Amor es...


Penélope Cruz, comiéndose la pantalla con la pura verdad de su sufrimiento y su deseo frustrado, exhibiendo su trastorno para todos nosotros, incapaces de mostrar la mitad de nuestros sentimientos medio auténticos, que preferimos sublimarlos o creer que podemos sublimarlos en otras cosas —la vida familiar, el trabajo, nuestras obras—, Penélope aparece cinco minutos en la pantalla ante un don Woody Allen que la trata más bien con distancia que con respeto y con indulgencia que con confianza y se come la pantalla entera, óigame bien, léame bien: Penélope devora la lona donde usted ve la película. Y de repente no hay nada más que sus ojos enormes, su voz salida de todos nosotros, sus piernas chiquitas pero interminables, su estupidez rampante como la de todas las mujeres cuando el hombre que aman hace como que no las ama y su hechicería automática ante la cual todos los hombres cedemos alguna vez.

¿Le darán el Globo de Oro? ¿La crítica gringa la ama? Da igual. Es una actriz que ha hallado el tono justo entre técnica y forma, ante su cuerpo, su vida, sus rasgos y su presencia. Sabe que puede hacer muchísimas cosas bien, pero prefiere hacer las cosas que la diviertan y entretengan. Vicky Cristina Barcelona no es la mejor peli de mi don Woody, pero es una impresionante labor de exhibición de lo que él sabe hacer. Y ojo: don Woody dio en el clavo otra vez: contrató a la mejor actriz posible para hacer las cosas bien: encontró a Penélope. Y Penélope se come la pantalla.

Ojo, que no se lo coma a usted.

O déjese llevar.

De vez en cuando está bien permitir que lo devore a uno una diosa caníbal como ésta.

(LLÉVAME A MÍ, PÉ!)

El post de lo que pasa en mi escalera

1. Perdón a los tipos que hoy iban subiendo las escaleras de mi edificio: no quise asustarlos. Salí a regalarles una cajetilla de cigarrillos de la que quería deshacerme. No fumé uno solo, lo digo con la mano derecha sobre el corazón.


2. Hay una belleza singular en la serpiente fotografiada como una de las múltiples nuevas especies descubiertas en Vietnam. La trajeron El Mundo y El País.

3. 1% del PIB mundial: eso costaría parar la desaparición de especies. Uno se queda helado pensando: ¿y qué esperan, carajo?

4. El hombre del zapatazo. Chale.

5. ¿Quiere un test sobre VIH?

6. Shit. Shit. Shit. Shit.

(EL SOL ESTÁ CALIENTE EN MONTERREY...)

sábado, 13 de diciembre de 2008

Tranquilidad

La lindísima banda sonora de Alexandre Desplat para Lust, caution: un buen antídoto para el estrés de sábado.



¿No tiene usted estrés de sábado? No le hace.

Aparte: alguien en el YouTube hizo un notorio intento por versionar el Tema de Wong Chia chi's, de la misma banda sonora.



(DON ANG LEE!)

Damn, pinchi Sheridan

El remaldito de Guillermo Sheridan (cuyo libro El encarguito, de Trilce, me compré en la FIL, y creo que no compré más porque me llegaron bastantes libros de trabajo que leeré con delectación) (y además, tengo todos los libros de artículos de Sheridan) acaba de ponerle nombre a la parte más sucia de la competencia electoral que comenzó ya, con rumbo a 2012. Qué pinchi vergüenza. Ésta es la liga a su post. Y éste, el artículo constitucional que deberíamos, todos, tener en cuenta.

Artículo 134 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: La propaganda, bajo cualquier modalidad de comunicación social, que difundan como tales los poderes públicos, los órganos autónomos, las dependencias y entidades de la administración pública y cualquier otro ente de los tres órdenes de gobierno, deberá tener carácter institucional y fines informativos, educativos o de orientación social. En ningún caso esta propaganda incluirá nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen promoción personalizada de cualquier servidor público.


No sé si don Sheridan ya se leyó esto. Una cosa bien emílica, pues.

Emílico, sabemos, es casi homófona de etílico.

Agh.

Lo que viene es como para que nos cubramos, todos, desde ya, las caras de pura vergüenza. Infamante cuanto dolorosa.

(¡DEMONIOS!)

La motito y Aselin Debison

El comercial de la motito es éste, de Mercado Libre:



Está bonito.

Aselin Debison es ésta.



Está bonita.

(RUN AND RUN AND RUN TO YOU)

viernes, 12 de diciembre de 2008

10 años en el mismo empleo (post 1,600)

Los cumplí hoy, viernes 12 de diciembre. Hace diez años fue un sábado. Recuerdo que la noche anterior no pude dormir, pensando en el cambio de empleo, mientras oía los cohetes en las iglesias cercanas: era víspera del día de la Virgen de Guadalupe. Escribí un cuento que sigue gustándome (no como todos los demás), que se llamó Rojo sobre negro. Hablaba de una chica en escapatoria, que huía a otra ciudad.

Yo ya no sé huir, me parece. Cumplir diez años en el mismo trabajo me funciona, principalmente, como una demostración. Aquí he sabido quedarme; de aquí no he sabido salir corriendo.

No tengo un mal empleo. A veces es frustrante, aburrido y desalentador. Como todos los empleos del mundo. No tengo un mal sueldo (tampoco es magnífico). No tengo un mal puesto.

Hoy pienso que estoy más viejo. Estaba por cumplir 19 años cuando entré acá. Era joven, mucho más feo (todo hay que decirlo), y tenía tantas energías que impresionaba a cualquiera. Prometía mucho, ja.

Hoy estoy por cumplir 29, mi entusiasmo laboral sigue siendo notorio (ya no impresiona a nadie), mi vida sigue siendo el mismo caos de entonces.

Me queda claro que no soy sólo mi empleo. No es eso lo único que me define.

Como Hed, debería preguntarme: ¿he ido cosiéndome, zurciendo los pedazos de mí que le quité a otros, los trozos vacíos que otros me dejaron?

¿Soy, o no soy, una especie de cadáver exquisito?

Tengo una vida para pensarlo, I guess.

Mientras, a seguir cantando, tras mis particulares Tommy Gnosis del mundo.

No.

Esta noche, nada de cantar:

tengo que trabajar.

Ja.

(GRACIAS)

Hed, cadáver exquisito


Oigo la versión de Perú de Hedwig y la pulgada feroz. No me disgusta la traducción del título, que resuelve la métrica del verso (y subraya, ja, la pasada virilidad de Hans): "Six inches forward and five inches back, I got an angry inch" se convierte en "Siete tenía y una quedó, la pulgada feroz". El problema es que por ahí, en medio, cada vez que se repite el verso, alguien grita: "¡Castrada!", lo cual resulta inexplicable y obviamente redundante.

Pese a los problemitas de ejecución que encuentro —podía estar mejor cantada—, es una buena versión. Y me gusta el gran intento que hacen con la dificilísima traducción de Cadáver exquisito:

"¿Qué puedes observar si osas explorar las huellas de mi carne? ¡Un collage! Estoy cortao. ¡Mal collage! Estoy reventao".


La letra intenta subrayar que Hed es una víctima de un complicado despedazadero: le han ido arrancando trozos de sí mismo y otros los ha ido cediendo él, pretendiendo que no los extrañaría luego, y él se ha ocupado de ir injertándose trozos venidos de otros sitios, de otros mundos, de otras personas, para ser quien ha llegado a ser. Todo un rompecabezas, "a montage", como dice más atinadamente la letra original.

Extraño en las traducciones que oí hasta ahora la frase, sin embargo: cadáver exquisito.

¿Cómo es la identidad de alguien hecho a trozos (y cómo son sus búsquedas de identidad, amigos bipolares del planeta)? ¿Construimos todos, así, la imagen de lo que somos: robándole a otros, rogándole a otros, copiando de otros? ¿Jurándoles que los queremos, para tener secciones de ellos a nuestra disposición, para asumir lo que son ellos en nosotros? Hed, sabemos, ha ido haciéndose a sí misma según dio y recibió y quitó y le fue arrebatado amor de parte de otros.

¿A quién se parecerá, esta mujer, este sujeto?

Pienso y sigo pensando.

(LOS REBELDES PERDEDORES SABEN QUE SON LOS MEJORES GIRANDO AL ROCK AND ROLL)

Tortillitas

La señora que me atendió hoy en la comida corrida me dijo que si quería tortillitas o bolillo. Le dije que tortillas. Luego me vino a traer las tortillas: "Aquí están sus tortillitas, joven". Y yo: "Gracias por las tortillas". Al rato: "¿Le encargo más tortillas, señora?". Y: "¿Tortillitas? Sírvele más tortillitas al joven, hija", le dijo a la muchacha. Y la chica: "¿Usted pidió más tortillitas?".

Yo veía las pinches tortillas bien grandes.

Odio este rebajamiento del carbohidrato diario a cariñoso tratamiento familiar.

(SU PINCHI MADRECITA, GRACIAS)

Oído en una junta

"Acuérdate que el gringo siempre cambia de carro".

(Y SIGO PENSÁNDOLO, DE VERAS)

¿Qué hace un post? Lo hacés vos (chale: pronúnciele "pos")

1. Se murió doña Amalia Solórzano. Lo siento de veras. El obituario de El Mundo está muy bonito.

2. ¿Quién dice que Facebook no sirve de nada?


3. Esta noche, sobre México, se ve la Luna más brillante de un periodo de quince años. El cálculo es de la NASA. LA foto es de la AP pero la colgó El Universal.

(¡YA QUIERO IRME A CASA!)

jueves, 11 de diciembre de 2008

Cosas para postear hoy (notas mentales)

Esto es un incunable que me hallé en la Wikipedia
1. Hay que ir a visitar la Biblioteca Juan José Arreola, que atesora un tesoro de verdad: libros tan antiguos que dan ganas de ir por ellos y leerlos hasta que se deshagan en las manos (esto es una especie de iconofilia o bibliofilia iconoclasta, no sé cómo llamarla: amor por los libros que los destruye). Entre otros, uno de los doce ejemplares del libro de Copérnico que hay en el mundo. Y no es un incunable, ¿oquei? El caso es que, algún día de éstos, moverán todos sus fondos a un edificio nuevo, en el centro de los proyectos de la UdeG. Tengo un mal presentimiento, carajo.

Esto es un póster fake tomado de la misma web que linkeo en la nota 2
2. Cada tanto leo y releo la cosa de la campaña para que Johnny Depp se convierta en El Acertijo en una Batman 3 dirigida por Chris Nolan, que incluye el chisme increíble de que Philip Seymour Hoffman sería El Pingüino y doña Angelina Jolie, Gatúbela. Me parece desmesurado. Por supuesto, siempre hay una que otra web donde alguien encuentra la foto ideal para comparar a la ilustración ideal, y dices: “¡Claro! ¡Pero si todo cuadra!”.

3. Y un currículum redactado con harto entusiasmo.

(¡BATIJOHNNY!)

¡Los Hombres G en Guadalajara!


¡Ja! Justo cuando pensaba que mis peores gustos no podrían tener un eco en el universo, se anuncia que los Hombres G vienen a la ciudad. Diría yo: 1) Me sé la mayoría de sus canciones; 2) Me gustan de verdad dos o tres; 3) Tengo dos primos que deberían temer que yo revelara ciertos secretos al respecto de nuestros consumos culturales en la segunda mitad de los años 80.

Digamos que, en punto al destino, los Hombres G y yo somos dos imanes (que-nun-ca-seunirán, pasarán los años y seguire mos mi rán do nooooooooos).

(¡SUFRAN, MAMONES! ACEPTO PATROCINIOS PARA MI BOLETO)

"Tienes que dejar tu sangre en el escenario; y el escenario sólo te pedirá más"

La sentencia es de un admirable tipo al que yo conocí cuando me explicaba en qué consiste actuar. La repito con solemnidad cada que se me tercia o ando borracho o me conmueve hasta la lágrima alguna función.

Luego vino este desgraciado colega y estuvo a punto de no poder repetirla.

Es que hay que tener mala pata...

(¡REALISMO!)

Me salió lo pronvincianote


"Está padrísimo el Ángel", dije ahorita, acordándome del Defe.

Ay, el morelianito.

(TAPATÍO!)

Globitos


La cosa con los Globos de Oro es que siempre son más aburridos de lo que divertidos que prometen ser. Pero hay que ponerles atención pues porque así es la vida. Con la lista de nominados, noticias: ojo con Slumdog millonaire de Danny Boyle. Lo demás es la Frost/Nixon de Howard, el Benjamin Button súper romántico de Fincher con Brad Pitt y Cate Blanchet en plan Ésta tiene que funcionar, caray, no como Zodiac (¡y con música del gran Alexandre Desplat!), el Revolutionary Road de Sam Mendes en plan Kate más Leo pero ya son actores experimentados, The Reader de Daldry con Kate Winslet en plan Ésta es la peli por la que me van a nominar al Oscar y otra vez maldita sea otra vez no ganaré, y Doubt con Philip y Meryl y Amy.


Eso es, digamos, el cuerpo principal y la base próxima de los Oscar que iremos viendo de aquí a febrero. ¿Por qué suena todo a taquillazo? ¿Por qué no entraron a las categorías principales la Milk de Sean Penn y The Wrestler con Mickey Rourke? ¿Qué es In Bruges? ¿Será el año para darle un Globo a Anne Hathaway? ¿Se fijó ya, lectora trivial, frívolo lector, que Clint Eastwood no está representado más que por la nominación a doña Angelina en Changeling y la de él por la música de la misma cinta (sí, don Clint compone) (y, si a usted no le gusta, vaya y digáselo para que le rompa su hocicote suyo, punk)? ¿Qué onda con Gran Torino? Vaya: Emma Thompson y Dustin Hoffman nominados juntos en una misma cinta, Last chance Harvey; eso está bien, I guess. Y, oh sorpresa, ¿qué onda con tanta nominación para Vicky Cristina Barcelona? ¿Dónde está la trampa?


Y así va la cosa.

(YOMI!)

Hoy sí hizo bien remucho frillito, tú

Casi no salí de la cama. La madrugada fue larga.

Miau, ¿no?

Y el IAM le llama temporada invernal a estos últimos días del otoño. No hay que ser.

(AAAAAH!)

Shyamalan tiene casting para Aang

O eso parece. El aviso está convertido en rumor a lo loco. Aang será un niño desconocido, aparentemente una pequeña estrella de las artes marciales.

Las notas: 1, 2, 3, 4 y 5.

Go, Shyamalan.

(¡YO QUERÍA SER!)

martes, 9 de diciembre de 2008

Y posteo con nadita de gusto

Una lista de la ListVerse me hizo encontrar este video de una cinta japonesa sobre el ataque con bomba atómica a Hiroshima en 1954: Hadashi no Gen, de 1983. Todos sabemos de eso. ¿Cómo fue sobrevivir a eso? ¿Llevaba paracaídas la bombita? ¿Cómo huyeron los del avión que la lanzó? Esas preguntas me han atormentado siempre.



Busqué y encontré esto y esto y principalmente esto. Son ejemplos muy simples, pequeños, son cosas menores comparadas con lo que dejaría documentarse con seriedad, o buscar un buen libro acerca del tema. Pero oh, dioses.

Y me voy a dormir pensando que, como pináculo de la evolución, la evolución está de veras bastante jodida.

(DAMN)

Posteo en un buen trip

Qué buen material, qué buen material.

Me lo encontré vía el Boing-Boing.

(QUÉ PASÓN!)

Posteo con más gusto aún


Me gusta Jennifer Aniston. Me parece una gran actriz de comedia. Verla en Friends es un placer. Me encanta la idea de que haga un calendario. Quiero esas fotos en mi pared ya.

(NO, EN REALIDAD NO, PERO QUÉ HERMOSA ES)

Posteo con más gusto

1. Porque los animales de las profundidas abisales son recontramegacool (qué miedo).

2. Porque la chela sirve para todo y hay que honrarla bebiéndola mucho (qué rico).


3. Porque Dorian Gray aún es la onda, y Blur aún es la onda, Scarface también fue la onda y las fotos del joven Kieslowski están bien acá (gracias, El Mundo).

(MIAU!)

Posteo con gusto

1. Porque me gustan los tapires.


2. Porque me gusta Benicio del Toro y me gusta Damián Alcázar y, sí, bueno, a quién no, me gusta Rodrigo Santoro.

3. Pero no me gustan los suicidios, chingau.

4. ¡Y me gustan los perritos!

(THAT'S THE WAY, AHÁ, AHÁ, I LIKE IT)

lunes, 8 de diciembre de 2008

¡El gato más alivianado del mundo!



Se lo encontró el Tecnoculto y, la verdad, es patrimonio de la humanidad. Pos qué.

Y luego vea usted a este pobrecito hermoso morrongo con pésima suerte y horrible timing.

(¡MIAU!)

Posteo con resaca fílica

1. Superhéroes gays.

2. Inteligentísimos, brillantes y siempre progresistas, los maravillosos diputados mexicanos están por discutir la propuesta de Coahuila para que en ese estado pueda aplicarse la pena de muerte. Confiamos en que tomarán la mejor decisión porque para eso los elegimos; sólo nos desesperamos de que llegue, ya, pronto su veredicto, y que nos ilumine con la sapiencia de los argumentos y nos recree en la trascendencia del debate que lo rodee.

3. Perros envidiosos. Y no hablo de los diputados. Ni de los superhéroes gays.

(ES DIFÍCIL POSTEAR DESPUÉS DE UNA FIL)

domingo, 7 de diciembre de 2008

Enamorado


Se llama Golshifteh Farahani. Tiene 25 años. Su gobierno le impide dejar su país, porque hizo una película más bien inocentona con Ridley Scott, Leo DiCaprio y Russell Crowe. La cinta es muy chida.

Ella es hermosa. Me recuerda a mucha gente. Su sonrisa se parece a la de Keira Knightley. Tiene ese rostro flaco. Y el aspecto indio, pérsico, arábigo, no sé cómo se dice, de alguien más que yo conozco.

Golshi: sal de allá, ven conmigo. Enséñame a actuar.

Je.

(¡DÉJENLA EN PAZ!)

sábado, 6 de diciembre de 2008

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Julianne


Es una de mis favoritas. Es una actriz de nivel alto súper mega high. Ha hecho muchas tonterías y, gracias a ella, son sensacionales. Estuvo allí en Boogie nights. Hizo doblemente interesante a uno de los personajes más interesantes de Children of men, es la inverosímil heroína eterna de Far from heaven, la villana libertina y exquisita de An ideal husband, la avergonzada hija de una larga derrota en Magnolia. Y me gusta en Nine months, en The end of the affair, en Hannibal...

Amo a Julianne Moore.

Hoy cumplió 48 años y lo vamos a celebrar. Ella y yo.

Ella y yo.

THE HOURS!)

Tres notas de El País (qué cansado estoy)

1. Polanski dice que, bueno, ya pasó un buen rato, ¿no? ¿Qué los delitos del tipo del que Polanski se declaró culpable debían no prescribir? Yo lo adoro, al viejo, pero...

2. Apple: póngale antivirus a su Mac. Este...: Ja, ja.

3. ¿Sabe usted dónde queda Zimbabue? Apréndalo con asco.

4. Agregado: Lobo, según El País.

(MAMÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ, NO QUIERO QUE HOY VAYAS AL TRABAJO)

Tenemos la niebla metida en los huesos

Tenemos memoria, tenemos amigos, tenemos los trenes, la risa, los bares, tenemos la duda y la fe, sumo y sigo, tenemos moteles, garitos, altares. Tenemos urgencias, mores que matan, tenemos silencio, tabaco, razones, tenemos Venecia, tenemos Manhattan, tenemos cenizas de revoluciones.

Tenemos zapatos, orgullo, presente; tenemos costumbres, pudores, jadeos; tenemos la boca, tenemos los dientes, saliva, cinismo, locura, deseo. Tenemos el sexo y el rock y la droga, los pies en el barrio y el grito en el cielo; tenemos Quintero, León y Quiroga y un bisnes pendiente con Pedro Botero.

Más de cien palabras, más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas;
más de cien pupilas donde vernos vivos, más de cien mentiras que valen la pena.

Tenemos un as escondido en la manga; tenemos nostalgia, piedad, insolencia, monjas de Fellini, curas de Berlanga, veneno, resaca, perfume, violencia. Tenemos un techo con libros y besos; tenemos el morbo, los celos, la sangre; tenemos la niebla metida en los huesos, tenemos el lujo de no tener hambre. Tenemos talones de Aquiles sin fondos, ropa de domingo, ninguna bandera, nubes de verano, guerras de Macondo, setas en noviembre, fiebre de primavera.

Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas, qué importa, lo siento, hasta siempre, te quiero, hinchas del Atleti, gángsters de Coppola, Verónica y cuarto de Curro Romero. Tenemos el mal de la melancolía, la sed y la rabia, el ruido y las nueces; tenemos el agua y, dos veces al día, el santo milagro del pan y los peces. Tenemos lolitas, tenemos Donjuanes; Lennon y McCartney, Gardel y LePera; tenemos horóscopos, Biblias, Coranes, ramblas en la luna, vírgenes de cera.

Tenemos naufragios soñados en playas de islotes sin nombre, ni ley, ni rutina; tenemos heridas, tenemos medallas, laureles de gloria, coronas de espinas. Tenemos caprichos, muñecas hinchables, ángeles caídos, barquitos de vela, pobres exquisitos, ricos miserables, ratoncitos Pérez, dolores de muelas.

Tenemos proyectos que se marchitaron, crímenes perfectos que no cometimos, retratos de novias que nos olvidaron y un alma en oferta que nunca vendimos. Tenemos poetas, colgados, canallas, Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma, abuelos que siempre ganaban batallas, caminos que nunca llevaban a Roma.


(PARA NO CORTARSE DE UN TAJO LAS VENAS)

Nueva de Woody Allen

El Blogdecine habla de Whatever works.

Es don Woody. Bendito sea Dios.

(GRACIAS!)

martes, 2 de diciembre de 2008

Punk de verdad



Pichurri, pecochí, yacuqui, pirulí, Malano, Fumanchú, qué feo que eres tú, que eres tú. Patata, pototón, bocata de jamón, moquito de mosquito, fitocolcha de colchón.

Pipí: caca, culo, pedo, pis.

Tomate, tomatón, carita de melón: repica, coco, pica, pica, diente de dragón. Recontracontrataca, retuércate la traca, retuerce, trozo y trozo, pica y pica, picotón.

Pipí: caca, culo, pedo, pis.

(ANARCHY!)

La cosa está así:

1. Estoy en la FIL. Trabajo allí todo el día (prueba 1, prueba 2). No posteo. No sea usted gacho, fiel lector, amable lectora, y aguántese poquito.

2. Hoy me enteré de otra muerte de Bruce Wayne. Ya qué.

3. Mis Potros ganaron medio a lo güey pero volvieron a ganar y ahistán, aspirando al wild card medio con ganas, medio con desesperación. Diosito del futbol americano, háznosla buena, chingau.

4. Proverbio chino: ¿Eres feliz? Llora. De miedo. (¡Cha-wá!)

5. Angry Alien es uno de los mejores sitios de cine del mundo. La prueba: Casablanca.

6. El 1 de diciembre cumplí dos años sin fumar. Gracias, gracias.

(Y A DORMIR SE HA DICHO!)

viernes, 28 de noviembre de 2008

Engripado, Wylosz está de ocioso.

duérmete conmigo
trae a mí el sueño en tus brazos
que el reposo y la cura al cansancio lleguen a los dos mientras tu piel
borra las cicatrices de los días en que no te tuve
sé tú mi almohada y mi cobija. sé tú la brisa fresca y la tibieza
piérdete en mí
sé quien consume en mi vida las luces todas
y regálame la oscuridad en que nos suspendemos
cuando sólo tus manos son guías suficientes
para volver al día.


(OH, SI ALGUIEN LE METIERA UN TIRO, UN TIRO SOLO...)

Ae ú-esteliach nad...

...estelio han, estelio ammen.

(BUÁ)

¡No cerrarán La Casa Suspendida!

Unos inspectores del Ayuntamiento de Guadalajara decidieron cerrar La Casa Suspendida, el café teatro de Alcalde 830, porque no tiene un registro. Les valió sorbete que el registro no está vigente en los reglamentos municipales: nadie tendría que cumplirlo, pero ellos quieren que lo cumplan todos. El caso es que anoche cerraron La Casa Suspendida.

Se trata, a todas luces, de la gandaya exhibición de poder de algún burócrata de cuarta. Lo grave será que el Ayuntamiento de Guadalajara se haga pato y no actúe al respecto. Es algo clarísimo: no hay derecho de actuar de este modo.

¡No cerrarán La Casa Suspendida!

(¡NO!)

jueves, 27 de noviembre de 2008

3 notas 3

Todas del Info porque ése estuve leyendo hace rato:

1. Rafa preestrenó A la griega de Verkoff. La temporada será el próximo año, pero todavía puede usted ir hoy a las 20:30 horas en el Estudio Diana, dentro del Teatro Diana. 16 de Septiembre, casi esquina con Niños Héroes. Lléguele y ruégueles. Está bonita. Y dígale a Rafa que lo quiero mucho aunque se vuelva a Argentina.

2. Yoani Sánchez, la autora de Generación Y, uno de los blogs más conocidos en español, obtuvo otro reconocimiento internacional por su trabajo.


3. Belinda, la pobrecita, sufre mucho. Por andar enseñando una chichi, le cayó encima un vahido que nadie se lo cree. Es la noticia del mes, obviamente. A la chica le dio el tramafá, luego clamó a los cielos que por qué ella oh dioses que ningún mal hizo, cayó entre médicos que declararon que la pobre de ésta no sale, luego la pobre salió de ésa y ahí está, en observación, aislada del mundo, pensando en el terrible error que fue mostrarle chichis a su novio. Ahora los padres dicen que fue un fotomontaje, que la chichi no era la sacrantísima chichita pudorosa de su hija santa y bien criada. Yo digo: una chichi más, una chichi menos, la chica debe estar tranquila y bajarle a su drama griego: odiamos al ex novio por pelmazo y por ruin, y le aplaudimos su chichi entre tinieblas a la niña. ¡Vivan las chichis! ¡Muera el pudor! ¡Encuere para todos!

(¿CÓMO SE FOTOMONTA UNA CHICHI, OYES?)

Van Zorn le ofrece a usted su sección Frívola Insoportable Imbécil No Memorable

En 1986, yo veía este video, a mis seis años, una y otra y otra vez.

(NOS DAMOS UN BESO)

Bombay/Mumbai

Es como si no quisiera entender. Le vuelvo la espalda a la descarnada realidad de las noticias y no quiero entender.

No quiero saber.

(¡NO! ¡NUNCA MÁS!)

miércoles, 26 de noviembre de 2008

En la madrugada fría, tráileres y un trago de whisky (ey, ¿dónde está el whisky?)

1. Slumdog millionaire. La han adorado. Yo digo: la dirige el mismo señor de Tumbas al ras de la tierra, Trainspotting, Sunshine, Millions, 28 days later... tiene que estar bien.

2. This is weird: Nobelson.

3. De Egoyan: Adoration.

4. Y de Darren Aronofsky, la película que pondrá a Mickey Rourke en una impresionante carrera rumbo a los Oscar: The wrestler.

(WOW)

Tres pelis bonitas


1. Be kind rewind. Véala, por el amor de Dios, pese al título en español, Originalmente pirata, que es originalmente tonto. Jack Black, cool. Mos Def, cool. Sigourney Weaver, muuuuy cool. Danny Glover, más tierno que un comercial en el Día de los Abuelitos y Abuelitas. Y la chavita con cara latinona que sale allí, súper cool. Gran historia. Guión curioso. Mucha cosa plástica a la Michel Gondry para impresionar fans de Gondry: qué gordos me caen. Y una dirección, aceptémoslo, impecable. Yo diría: sin desperdicio.


2. She's the man. El título ya es la onda. El título en español, Una chica en apuros, es digno de que lo olvidemos ya mismamente. La cosa es la historia: alguien en Hollywood agarró Twelfth night de Shakespeare y convirtió a Viola en una adolescente buena onda y entrona que se hace pasar por su hermano en una prepa privada para poder jugar futbol soccer; la bronca es que termina enamorándose de su roommate, quien, a su vez, está enamorado de la chavita más popular de la escuela, la cual, of course, está enamorada de Viola en su versión travestida. Mucho rollo los chicos populares son frívolos pero pueden salvar su buen corazón-la voluntad es lo que cuenta-la discriminación de género no es cool. La sorpresa es que la historia termina siendo divertidísima, la adaptación es divertidísima, los personajes son divertidísimos, la actriz principal es (estoy hablando de Amanda Bynes, lo sé: hacer el monólogo de Viola revelándose mujer es súper complicado) divertidísima y Vinnie Jones es divertidísimo. La vi en el autobús, doblada. "Oh, una chick flick mensa". Ajá. Y así y todo, era divertidísima.


3. Quantum of Solace. Según parece, la peli 2 de Daniel Craig como James Bond tiene divididos a públicos y críticos. Yo opino: Craig es cool, Bond es cool, sus autos son cool, su guardarropa es cool, sus villanos son cool y Marc Forster es cool. La vi la noche del lunes y me emocionó bastante menos que su Casino Royale, pero salí feliz, exultante y convencido de que podía brincar del tercero al segundo piso del Centro Magno. Tengo los huesos enteros, de modo que no cometí ninguna audacia reservada al arma más peligrosa de la Corona. Vaya a verla, caray. Qué mujeres, señor.

(¿DÓNDE HALLARÉ UNA BUENA VIOLA PARA MONTAR A SHAKESPEARE AHORITITA MISMO?)

Belinda: poca chichi, mucho pudor

La doña Belinda te advierte que no cantará para ti si le ves las chichis
Vas y le enseñas las chichis a tu novio por Internet. Tu novio deja de ser tu novio. Tu ex novio le enseña el video de tus chichis al mundo. Ni las chichis se te ven, es lo pior. O bueno, sí se te ven. Como sea. A ti te da una de esas grimas mala onda que acabas en el hospital.

¿Le pasó a usted, lectora aventada? ¿Lo hizo usted alguna vez, méndigo lector? No sean así de gachos, caray. Ya le pasó a Belinda.

(¡JA!)

Matemáticas contra el Sida


Si todos los mayores de quince años de edad nos hiciéramos una prueba de Sida al año, y si todos los seropositivos comenzaran sus tratamientos inmediatamente después de detectarlos gracias a este sistema periódico, el mal terminaría afectando a una proporción pasmosamente menor de personas. Y el problema de contagios masivos que padece el planeta se acabaría en diez años.

Es un modelo matemático. La nota la tiene El Mundo y cita a TheLancet.com. ¿Siente usted, lectora de buena raza, bien nacido lector, un poco de esperanza? Compártala con sus conocidos, ande, y vaya a hacerse su examen.

Que es gratis, ¿no?

(¡PRUEBAS PARA TODOS!)

sábado, 22 de noviembre de 2008

Murió mi tía Ana

El Dios en el que he creído todos estos años dejó dicho que, en el final de los tiempos, los muertos se alzarán, serán juzgados, sentenciados y perdonados. Hace bastantes siglos que al inventor de esta mitología y de sus ritos se le ocurrió que sería incapaz de explicar el misterio: ¿y cuándo ocurrirá todo eso? ¿Y cómo nos juzgarán? ¿No es ya juicio suficiente esta vida, el tránsito inexplicable desde el nacimiento hasta la muerte? ¿Y qué habrá mientras tanto, mientras esperamos a que nuestro Dios, al que hemos dado vida porque creemos en Él, que nos dio vida, se decida a ponerle fin a todo?

Le atribuimos a ese Dios muestras variadas de otros dones, además de los apocalípticos: pensamos en Él cuando somos felices, y a Él encomendamos nuestras suertes cuando nos va mal. Le consagramos a Él nuestros esfuerzos y nuestros triunfos, nuestras derrotas nos hacen voltear al cielo y alzarle a Él un puño, y luego le agradecemos momentos que valen la pena. Es un Dios; no tiene la culpa. Le dimos tanto poder, que nos consuela que siga allí, siendo Él. Y un secreto consuelo nos conforta: a Él podemos confiárselo todo.

Bien.

Hoy murió mi tía Ana. Me avisaron poco después de las 19:00 horas. Tenía 42 años, tres hijos y un carácter del demonio. Era 14 años mayor que yo. La vi, en su hospital, el lunes. No supe qué hacer, así que obedecí a otra tía, que me dijo: Despídete de ella. Perdónense lo que tengan pendiente. Uno nunca sabe.

Me ha avisado mi padre, que ha perdido a su hermana menor.

Nuestro Dios nos ofrece un consuelo muy simple, pero más adelante veremos que es caro y valioso: Él sabe, Él decide, Él ve. Nos acogemos a su juicio aquí, en la vida. Si hay algo después de la muerte, Lo conoceremos. Y si no hay, junto con Él penetraremos las regiones silenciosas que nos anunció un príncipe danés atormentado.

Bien.

La vida sigue.

(+)

Se me acaba de ocurrir un casting bien acá


¿Qué tal Sam Elliot para hacer a Bruce Wayne en una verdadera adaptación de The Dark Knight returns?

(QUIHOBO?)

Bruce Wayne cuando se parecía a Paul Newman


"I leave my car in the lot. I can't stand to be inside anything right now. I walk the streets of this city I'm learning to hate, the city that's given up, like the whole world seems to have".

(CORTESÍA DE MR. FRANK MILLER)

Yo, hace un tiempo (Un cuento)

El unicornio

I
Marcela quedó embarazada y una vez que se enteró decidió trasladarme la culpa. No negaré que me costó trabajo asumirla: a menudo pensé, mientras estábamos juntos, que los remordimientos que mi propia conducta debía provocarme se manifestarían demasiado tarde, igual que sus efectos. Cuando al fin comprendí que tenía que ayudarla, el castigo fue entrar en el territorio de su influencia, voluntariamente vulnerable. Diego nació, lo crió los primeros meses como los animales vigilan y alimentan a sus crías, y se largó a recuperar su vida tan injustamente interrumpida a un país donde yo no pudiera pedirle cuentas. No lo hice nunca. Tampoco supe culparla. La noche en que comprobé su desaparición, vi la cara de Diego y pensé en soluciones parecidas a lo que sigue: regalarlo a un hipotético matrimonio de millonarios estériles, dejarlo morir de hambre y pasar el resto de mi vida fingiendo que no me arrepentía, perseguir a Marcela por el mundo con nuestro hijo en brazos para arrojarle al cuerpo el bulto animado que acababa de legarme sin posibilidad de réplica.

El niño tenía entonces una brevísima pelusa por toda cabellera, la piel muy blanca y los ojos enormes y mucho más brillantes que ahora, aunque conserva el gris verdoso, cruzado de plata, que heredó de su madre. Aquella noche no hizo nada especial para anticiparme el futuro: viviríamos juntos, siempre, al menos hasta que su vida le perteneciera y pudiera atarse a algo o escapar de todo, según el ejemplo paterno que escogiera. Lo llevé a dormir, me despertó de madrugada para que lo alimentara y vomitó mi pijama por primera vez. Entendí que no tendría otra certeza más sólida y diáfana: viviré con él y para él ya para siempre. Mi vida es suya. Será y es ya mi propietario. No hay deseo o exigencia suyos que pueda dejar de satisfacer. Jamás he dudado de querer hacerlo. No quiero decir que el niño se haya vuelto caprichoso o antipáticamente autoritario. Por el contrario, mi vena dictatorial se ha impuesto en nuestra casa, y ante un dictador tienes aún la opción de obedecer para ser libre y feliz. Hace lo que quiere, si yo lo autorizo; casi todo se lo consiento, excepto minucias que alarman a otros padres: meter los dedos en los enchufes de la electricidad cuando era más pequeño, por ejemplo, o utilizar mis documentos de trabajo para ensayar apuntes con sus lápices de colores, más recientemente, lo mismo que gastar su mesada en porquerías sospechosamente comestibles. En cambio, fingí no darme por enterado cuando, en su cumpleaños noveno, hurtó mi cartera a las siete de la mañana y salió de casa para volver, como yo tenía previsto, con el largamente prometido cuaderno de partituras para piano que habíamos visto en un negocio del centro.

Lo del piano, y sus ojos, son la única herencia de Marcela. Esa mujer lo olvidó, ni siquiera sus amigos del país nos dan hoy noticias de ella. Ojalá se perdiera para siempre, pero el niño es un chico inteligente y sabe que su madre es tan permanente como yo mismo lo soy. La reconoció de inmediato en un cartel que la anunciaba como concertista principal en cierto espectáculo, en una ciudad cercana, cuando él era muy pequeño. Se pasó todo el mes anticipando, a sus tíos, a sus primos, a sus compañeros de escuela, que su madre, una artista famosa, esa mujer que posiblemente hoy tenga otros hijos a los que no haya abandonado, uno no sabe cuántas veces repetirá una persona los actos que no puede revertir, no queremos, no quiero saberlo, estaría en el país muy pronto, y que él iría a verla. Fue complicado explicarle que no sería así, y todo lo demás que preguntó. Lo entendió, al final, con una reacción sensata, valiente y resignada. Me siento culpablemente satisfecho de haberle transmitido mi odio hacia Marcela; en él es rencor, apenas un resentimiento, frágil como el hielo quebradizo del lago, pero igual de cristalino y gélido.

Desde entonces, libre y decidido a no hablar más de su madre, Diego determinó que estudiaría piano. Lo mandé a una escuela de música a la que va solo seis días a la semana, debe tomar dos autobuses, sólo tiene nueve de años, vuelve de noche, se enoja porque en casa no puede practicar y en cambio se le obliga a hacer su tarea, dormirse temprano para no fallar nunca a la escuela, rabiar el sopor que le producen sus maestros y presentarse, entonces sí, otra vez dispuesto a aporrear el piano en su academia. Poco tiempo tardó en aprender las reglas básicas, las normas iniciales, y fue su profesor quien nos alentó a inscribirlo en más horas, para educar su interés en la música, su obstinada aplicación.

Se sienta allí —lo he visto varias veces, una vez a la semana salgo temprano y puedo pasar a recogerlo—, con las mandíbulas y los hombros apretados, y mira la superficie negra y blanca del instrumento con inquina, amenazándolo, advirtiéndole que lo dominará, que le hará daño si es necesario, hasta que le obedezca, buen hijo de su padre, preciso, que no pide nada con candidez ni con amabilidad excesiva, con educación, y que reclama y exige lo que por derecho le corresponde, parodia de su madre triunfal y sarcástica, ella con sus gestos concentrados, su expresión artificial de elevación extática, mi Diego lanza golpes firmes y recios contra las teclas, las agrede y las emplea como a un martillo, sin abandonarse y sin perder el control de sus dedos de chiquillo, un verdugo tan cruel que hace llorar al condenado sin más esfuerzo que la caricia de sus yemas, un caballero elegante y silencioso que se ha untado las manos de aceite hirviendo para acariciar a una dama, y el piano sumiso resuena dócil cuando él lo gobierna, y admite que bajo ese mando no puede permitirse rebeldías, que cada sublevación sólo provocará más instrucciones de ese dueño minúsculo y atento.

Diego dirige también nuestro hogar. Sólo suena la música que él elige: el hip hop y el rock odiosos que comparte con sus amigos consiguen ahuyentarme, pero apenas nos quedamos solos, o cuando se muda a la mesa de la sala con sus cuadernos y libros y reglas y lápices de colores, rinde honor a los dioses que le han impuesto en la escuela que más le importa, a los conciertos que me jura que podrá tocar pronto. Nombres que no retengo a él le son familiares como los de sus primos, Chopin, Bach, Mozart, Berezovsky, Rachmaninoff, yo puedo ayudarle con mapas donde deban señalarse capitales y con fechas para rellenar cuestionarios de la clase de historia, y los estridentes ejercicios de gramática inventados para inocular a nuestros hijos la vacuna que los protegerá contra la ortografía y la literatura —he querido obligarlo a leer, pero su generación se ha decidido a condenar a los libros—. A veces se duerme con su propia grabadora encendida en el cuarto. Para mí, la música de sus elecciones tiene un sentido lejano. A veces me empeño en descubrir la supuesta genialidad de tal composición que él podría explicar con sus rudimentarios conocimientos técnicos, a veces de verdad escucho y le afirmo mi complacencia. Su sueño es plácido, quisiera darle paz, pero ya me he resignado a que no competiré con su pasión tan prontamente descubierta.


II
Diego ha sido invitado a dos recitales hasta ahora, y el primero de ellos fue ya una exhibición. Aplaudí a los niños de otros padres, pero aquel montón de presumidos, criadores de geniecillos mediocres, tuvieron que reconocer la superioridad incipiente de Diego, un niño talentoso y aplicado, y no un prepúber incómodo que padeciera la tortura de sus padres ociosos. Lo anunciaron como uno de los infantes más prometedores de la escuela. Ensaya más duramente desde entonces, y a veces se obsesiona con la idea de que debo comprarle un piano para trabajar en casa, un piano que no sé dónde meteremos. Lo haré, sin embargo, y creo que lo adecuado es dárselo en su cumpleaños que será el próximo mes, agosto, un buen Leo intransigente y sabio. En el segundo concierto, para una audición convocada por un conservatorio, tocó “El unicornio” de Dasselman-Spytt.

“El unicornio” es el tercer movimiento de un concierto para piano de Dasselman-Spytt —reconocido por el mismo nombre— especialmente complicado. Describe el encuentro amoroso entre un cazador y una sibilina ninfa de los bosques, que lo rechaza primero pero se le rinde después porque el pretendiente le ha llevado el precioso cuerno de un unicornio. Diego ignoraba el mito. No sabía comprender que lo que ensayó durante meses era en realidad la representación de una proeza, porque atrapar a un unicornio es tarea casi imposible para un hombre. Ese movimiento es una combinación de sonidos sosegados que evocan una persecución sigilosa, primero, y luego el ataque desesperado del cazador, significado en una vigorosa pieza. Me tomó semanas conseguir para Diego el disco con el concierto de Dasselman-Spytt, y bastante dinero pagarlo, pero mi hijo estuvo complacido y me premió con su deferencia cuando intenté introducirlo a la literatura sobre mitologías. Pensé que, como siempre, terminaría por ignorar mis deslucidos libros, sus ilustraciones inmóviles y las historias desprovistas de la música que él seguramente preferiría, pero sobre la mesa de su cuarto permanecen aún los restos de dos ricos volúmenes que conservé, para él, sin saberlo, desde mi propia niñez. Mi pedestre experiencia no me impidió asistirlo en detalles de su ejecución; ciertas secciones de la obra requirieron que yo le explicara cómo se ve un unicornio, cuán violento es su ataque, qué temor le produce a los hombres que osan acecharlo. Pero me excluyó, en general, de sus ensayos. Una noche me confió su alivio porque había dominado a suficiencia la interpretación. Una hora larga habló de los matices de la música, de sus ritmos irregulares y del emocionado final: la derrota de la estupenda presa. El día de la audición me dejé fascinar por su trabajo ante el piano: mi hijo sonrió de puro orgullo al terminar, y me miró retándome a que tuviera la temeridad de no aplaudirlo. Lo aplaudí, sí, lo aplaudí como nunca, y me ordenó discreción con un gesto de los brazos lánguidos por el cansancio, porque esperaba el veredicto de sus evaluadores.


III
Un niño no puede hacerse hombre si se prueba a sí mismo solamente sus talentos, por pocos que ellos sean. En este punto de nuestras vidas, Diego y yo sabemos que él ha pasado por una prueba peor: no la de su coraje, sino la de su cobardía. Encarnado en un desafío, es una prueba atractiva y agotadora, el destino de cada hombre no puede ser más que una aventura que embriaga y revitaliza. Contenido, en cambio, en un demonio real, en una cruel competencia que obliga a perder la esperanza y la fuerza, a romperse el valor, porque el rival es uno mismo, templa a los hombres como endurece el fuego a la madera.

La obsesión de Diego por los unicornios me pareció al principio un ejemplo divertido de su imaginación como niño. No sólo ponía el disco todo el tiempo, llegado al extremo de exigir un walkman para llevárselo a la escuela: también los dibujaba en sus cuadernos, con trazos toscos que querían ser cuidadosos, y hojeó hasta destruir mis libros, me hizo comprarle camisas y gorras con unicornios estampados, y buscar en galerías y tiendas esculturas, baratas o caras, que representaran sobre todo el cuerno de la bestia blanca. Me preocupó porque, pasados los días, no parecía desprenderse de este tótem nuevo de su niñez —cierto personaje de las caricaturas, el policía de una serie de televisión, un futbolista sudamericano, habían sido otros ídolos, desterrados sin misericordia cuando otros los sustituyeron—.

Hallé la explicación bien pronto, gracias a uno de los profesores del conservatorio, que me extendió la copia de un programa de conciertos al que, dijo, Diego tendría que asistir como oyente, con la posibilidad de que se le invitara a las clínicas que ofrecerían los concertistas.

—Todos creemos que lo entusiasma conocer a su madre— dijo el hombre. Marcela se presentaría en el invierno y, qué curiosidad, interpretaría nada menos que el concierto para piano de Dasselman-Spytt conocido por el nombre de su tercer movimiento, “El unicornio”.

Le arrebaté el programa y me alejé para callarme varios insultos.

Diego no supo explicar la mezcla confusa de emociones que le producía la fecha inminente. Dijo que no le importaba, pero después de la cena se tiró en el sillón que da a la ventana, para representar, con “El unicornio” de fondo y con las luces apagadas, el papel de un nostálgico paralizado por la aparición de un ataque invencible de tristeza. Esto ocurrió de noche en casa, cuando yo ya estaba trabajando en mi recámara. Diego y yo hemos evitado siempre escenas de cariño que incluyan abrazos cálidos y el llanto silencioso de un niño indefenso que encuentre refugio en su padre. Aquella noche tampoco fue estrictamente necesario. Él mismo apagó el estéreo y fue hasta mi recámara para decir que no tenía sueño. Le pedí que me ayudara con algunas cuentas. Las hizo y se quedó dormido. Cuando lo llevaba a acostar, despertó a medias y dijo lo siguiente:

—Quiero sopa, papá. Tengo hambre.

—Mañana hacemos sopa, Diego.

—Ahorita.

Y ya íbamos a la cocina, él en mis brazos, atrapándome el cuello, cuando capituló en medio de su sueño:

—¿Voy a conocer a mi mamá?

—Si tú quieres, sí, hijo. Hasta vas a poder escucharla—. Yo no podía negárselo.

—¿Tú me vas a acompañar a verla?

—Si quieres, sí— le contesté, tratando de no dejarlo caer.

—Le tengo miedo— confesó, y se quedó rígido, de pronto, ocultando los ojos en mi pecho, la cara tiesa contra mi camisa.

Supe entonces que todo padre debe conmoverse ante lo que hay de humano en sus hijos, por más que uno mismo ya lo haya perdido, por más que uno mismo halle placer en sepultarlo en el corazón endurecido, en la suma de todos los resentimientos, ese camino de supervivencia por el que avanzamos hacia la muerte y del que sólo ellos, sólo Diego, puede sacarme por unos momentos. No es el camino equivocado; es uno doloroso, por ello mismo aleccionador, que fabrica los sabios; quizá es el único camino. Diego es mi compensación, mi premio por decidir que continuaría hacia delante; y mi nuevo castigo, porque no podré liberarlo de la misma doliente misión, porque tendrá que cumplirla solo, pese a que no lo abandonaré.

—Yo voy a estar contigo, Diego. No tendrás miedo.


IV
Soñé, un día antes, que una Marcela esplendorosa cosechaba la admiración de un auditorio de príncipes, y que seducía con su encanto de madre y mujer al mayor de todos ellos, mi hijo. No la había visto en todos esos años. Antes de que apareciera en el escenario, vestida con un traje negro y peinada con lujo, recordé que tenía que haber envejecido, que debía haber perdido al menos una parte de su jovialidad característica. Me equivoqué: era una mujer adulta y madura, pero en modo alguno había decaído su presencia magnífica: entrada en carnes, algunas arrugas quizá, la vimos de cerca y nos pareció un espíritu resplandeciente cuyo cabello no podría tornarse nunca ceniza, ni su andar menos gracioso, ni su imagen menos deliciosa. Era también la primera vez que Diego la veía, salvo algunos programas de televisión y fotografías. Lo obligaron a ponerse de pie y a saludar a la invitada. Auditorio y profesores, prensa especializada, convinieron hacer de aquel reencuentro un momento conmovedor: la consagrada pianista y su promisorio hijo y heredero. Diego tembló antes de soltar mi mano y caminar hasta el proscenio, donde su madre le concedió un abrazo y el favor de arrodillarse para besarlo. Miraron hacia el público y las cámaras. Un profesor se acercó a separarlos y escoltó al niño hasta su sitio. Me lo entregó lívido y aterrado, condenado como un edificio de piedra que fuera consciente de la inminencia del terremoto que iba a destruirlo:

—La maestra Santander ha sugerido además que su hijo ejecute el tercer movimiento del concierto. Escucharemos así a dos generaciones unidas por el amor esta obra, pues Diego Lomelí es un reconocido intérprete de “El unicornio”.

Diego se desmoronó, entre sus propios aplausos, sobre la butaca.

Marcela representó su tradicional pantomima de iluminación inspirada. El auditorio no hizo otra cosa que acompañar con su contemplación la interpretación precisa, escrupulosa y espectacular. Era una maestra, en realidad, cuando estaba ante el piano. Brillaba una luz distinta mientras ella tocaba: era su música, que iluminaba la sala del conservatorio. En su impecable papel, no tuvo tiempo de apreciar que su hijo la miraba con reverencia y temor. Para el final del segundo movimiento, gobernaba sutilmente el espacio, contraído sobre su ejecución irreprochable.

Se levantó con un gesto elegante y esperó que el mismo profesor llevara a Diego al escenario. Mi hijo caminó con corrección y ocupó el lugar de su madre, suspiró y alargó los brazos.

Temí por él.

Entonces comenzó a tocar “El unicornio”.

Quiero dejar aquí mi testimonio inútil de aquel momento, la actuación de mi hijo como pude verla, y sé que no lo conseguiré: si las palabras fueran suficientes para trasladar a los groseros sentidos de los hombres un acontecimiento de tal naturaleza, la música ocuparía un lugar distinto en nuestras vidas, pero está allí la vida de mi Diego, cristalizada y manifiesta en música que es también su vehículo y su privado lenguaje. Diego tocó esa noche al principio con pausada dedicación de jovencito aleccionado, un pequeño talento capaz de cierta hazaña al que su madre mira desde detrás sentada en un banco oscuro, pero unos segundos después hizo arremeter al cazador contra aquella figura similar a la de un ciervo enorme. Se le cimbraron el cuello y la espalda y apretó el gesto sobre el piano: ya la bestia, sorprendida, saltaba hacia adelante, tratando de poner distancia entre ella y el su perseguidor, pero el hombre alzó un arco y una flecha y la furia dulcísima del metal y la madera mordieron el costado de aquel monstruo. Diego lanzó las manos para dominar al enemigo. Un resoplido hizo elevarse el aliento helado de la presa, que se perdió entre los árboles, y el cazador corrió hacia ella, otra flecha en la mano, agotado, pero el unicornio saltó de nuevo y emprendió una carrera fabulosa, la última, restallaron sus pezuñas de plata y de cristal contra el húmedo suelo, el sudor le perló el cuerpo, se levantó el cuerno orgulloso y resplandeció con la luna que vigilaba su escape. Ya se perdía en la desesperada oscuridad, ya huía, y el cazador hizo el último esfuerzo, ¡adelante!, el brazo trémulo tensó de nuevo la cuerda vacilante en la carrera y el silbido en el aire precedió a una pausa. El auditorio estaba en silencio.

Unas notas agudas no nos despertaron de aquella fascinación. Eran tristes, triunfales pero opresivas, sofocantes. ¿Cómo compartir la caída de un tesoro fantástico y la insegura elevación del asesino que lo ha usurpado? Era el cazador que se ponía de pie, agotado en la tierra, y de su cinturón tomaba el puñal que no dudaría como él: pues, ante sus pies, agonizaba el unicornio, de fuera la rosada lengua, dando coces contra el enemigo que lo había cegado, la sangre humeante brotaba del ojo. El cazador se arrodilló y pidió perdón, y todos pudimos verlo, cómo el hombre degolló al unicornio, y le sostuvo la cabeza en el instante de la muerte, y cómo, arrepentido por un crimen contra lo más secreto de la naturaleza, le hundió la hoja en el cráneo, para arrancarle el marfil que sería su trofeo.

Tomó aire mi hijo, el bosque y sus dos habitantes desaparecieron, y ya no vimos la luna enrojecida. Diego se levantó y cedió el lugar a la sombra derrotada que lo miraba detrás, la víbora envidiosa que sólo supo arrastrarse de nuevo entre las hojas secas, mordiéndose de cólera los labios: algo que daba luz se había roto dentro de ella, y un brillo olvidado acababa de abandonarla. No aplaudió ya, y escapó de la ciudad al final de su actuación.

Diego y yo festejamos esa noche con un gran banquete.

(21 DE ABRIL DE 2004)

Yo, hace un tiempo (Una esperanza)

Yo no tenía sueño. Fui por mi cenicero a la cocina y vi de nuevo mi cara en su interior: pálido, desaliñado, alegre por la visita. Brillé como una chispa de la estufa allí dentro.


(YO ESCRIBÍ ESO)

Yo, hace un tiempo (Scarlett cumple 24 años)


A los 24 años, yo era una masa de problemas depresivos y una colección de dilemas sentimentales. Tenía un empleo extenuante y no ocupaba en nada más mis días. Sorprendentemente, hacía ejercicio: brincaba a diario, por dos horas o dos y media, en las maquinitas ésas que se llaman Pump it up y que ahora me interesan ya bien poco porque cambiaron y a mí los cambios me vienen mal si no los he perseguido. Bebía muchísimo; ahora bebo más, pero lo festejo menos. No hacía teatro y me había resignado a perder la literatura, pero aún escribía, cuentos infames y patéticas piecitas de poesía que, espero, se habrán perdido en el misterioso limbo binario del disco duro que se echó a perder con un virus maldito hace dos años. Quizá mi mejor cuento lo regalé en un intercambio navideño, para impresionar a una novia de entonces: un arribista indolente conquistaba a dos distintas glorias del periodismo radiofónico en una metrópoli cualquiera, pero tropezaba con el odio y la avidez sexual pervertida de la tercera gloria local, que no le perdonaría su misoginia y aprovecharía su primer descuido para convertirlo en una víctima de la lucha de géneros.

"Yo no soy de esta ciudad: aún me asombran sus cambios paulatinos y ridículos, sus miserables modificaciones hacia la idea de eficiencia y limpieza que persiguen todos los habitantes de un régimen gubernamental basado en el orden pero obsesionado con la libertad. [...] Soy joven, tengo talento, mi cabeza está clara, he cometido errores pero puedo empezar de nuevo, puedo olvidarme de los sitios de antes, donde está toda esa gente que odio tanto."


"Suena bien", me dijeron entonces. "Qué hueva", dirían ahora. Me parecía un cuento horrible y seguí dando de coces por el camino del lirismo existencial, ritual, religioso, místico. Aquel cuento me lo festejaron en una fiesta navideña y luego perdí a la novia. Bogué por los consultorios de a) un psicólogo en cuesta de enero al que le caí mal y me mandó con b) un psiquiatra que después de mirarme el peinado y los tenis me recetó un coctel de pastillas que nunca compré y c) una psicóloga que me salvó del suicidio sin suponer que me arrojaría a las garras filosas del teatro, que, si hiere, te cura. Y ya era 2005, yo tenía 25 años, entré en la crisis de verdad y sobreviví. Y aquí estoy, aburriendo a otras personas (a usted, ay lectora, lector) en el borde los 29.

Fue un año de muchos cuentos. Terminé, en 2005, tras la terapia, con tres últimos cuentos, los últimos de toda mi carrera fallida como cuentista. Uno se llamaba "Mar". Glosaba la memoria final de un hombre encerrado en un faro, testigo primero y último de un maremoto que destruiría una ciudad costera de por sí socavada por el abandono de la metrópoli central y una devastadora crisis económica. El texto daría a entender que el narrador era el hijo del regidor que gobernaba la ciudad en cuestión. El puño de marfil del gobernante mencionado le golpearía la cabeza al protagonista en medio del maremoto, cuando él se hubiera arrojado, con resignación, a la libertad de la muerte. Era un cuento deplorable. Pero sincero hasta la médula: yo había soñado las imágenes centrales, y la historia había ido apareciéndose poco a poco. Adoraba ese cuento. Cualquier cuentista joven sabe lo que es abandonarse a la fe en un cuento, por malo que éste después se revele.

Mi psicóloga, a la que adoro aún (no como al cuento), gozaba exprimiéndole reveladores símbolos al texto. Yo no podía creerlo:

"Me asomo a la ventana y veo la playa, como una pulcra sartén redonda en la que reposara, viva, la masa de mar.

"No hay gaviotas. Torpes pelícanos, extraviados como un barco fantasma, flotan sin preocupación. Las bolsas de sus picos se mecen con la marea. Reposan como dormitando; deben tener sueños mudos y tormentosos.

"El regidor ordena cazar algunos para usarlos de alimento. Quedan algunos hombres. Marchan en filas decididas hacia la playa por las mañanas, nadan hasta los animales y los lazan con cuerdas para tender la ropa.

"De un picotazo, un pelícano hiende los huesos en la mano de uno de sus cazadores. El hombre nada entre gritos y, en la arena, lo curan con grasa de cocina.

"No hay medicinas. No hay médicos. Pronto se nos terminará el agua potable".


Nada de eso me satisfizo entonces. Dejé los cuentos, asumí mi depresión: yo estaba enfermo y podía salir de aquello. O no, pero viviría. Supongo que postear ahora mismo es una demostración de que sobreviví. Me gustaba, sin embargo, esta oración: el narrador se ha negado a dejar su faro, el regidor ha ido a insistirle y a pedirle que piense en el dolor que sufrirá su madre si él muere en el maremoto; el narrador se queda en calma, mira por la ventana el mar que es una "losa de mármol azul":

"Una sombra se eleva y el silencio, sólido como mi propia carne, sube con ella".


El segundo se llamaba Scarlett. Era pésimo y había fracasado desde su primera línea: "Mi mamá me llevaba todo el tiempo al cine". Agh. ¿Por qué, yo, que he apreciado a Dostoievsky, a Bulgakov, a Chejov, a Dahl, al más ferviente Saki y al enfermo Allan Poe, empezaba así un cuento? Yo, que he leído a Borges, ¿Así infamo el mundo? ¿Así, el universo?

Pero era, sí, en verdad, un cuento acerca de un hombre que conseguía lamer la nariz de Scarlett Johansson.

Y nunca he envidiado más el destino de un hombre de ficción o de verdad.

(OH, SCARLETT)

Tres recuerdos


1. Bulgakov tiene un libro sobre Moliére.

2. Ryuichi Sakamoto hizo el soundtrack de The sheltering sky de Bertollucci, basada en la novela de Bowles.

3. No: un olvido. ¿Cómo se llama esa obra, que no es Médico a palos, donde una muchachita está enamorada de un joven pero su padre no los deja ser novios, y entonces ella enferma, y él hace traer a cuatro médicos que la diagnostican cuatro veces mal, todas distintas, y entonces la aya o la madre disfrazan al novio de médico que finge no ser médico, y el mozo va y le pone un faje marca llorarás, y el padre, que participa del supuesto engaño, va, engañado, a festejarle la gracia al falso médico, que le magrea a la hija para gusto de los dos muchachos? ¿La comedia del amor? El amor médico no, que es de Tirso. ¿Cómo? Dueños de las Obras completas de Aguilar, sáquenme de esta duda, oh, por favor.

(OLVIDAR NO ES BUENO; RECORDARLO TODO ES, SIN EMBARGO, LO PEOR)

viernes, 21 de noviembre de 2008

Here's to Patti, and Tina, and Yoko, Aretha... and Amy?


Déjese de pensar, lectora espantada, asqueado lector, en sus fotos y en sus escándalos de revistitas. ¿Ha escuchado usted la voz de Amy Winehouse? Vaya y óigala y luego me cuenta.

((“THEY TRIED TO MAKE ME GO TO REHAB BUT I SAID 'NO, NO, NO'”)

Rock de verdad


Mamá, no quiero que hoy vayas al trabajo. Mamá, no quiero que hoy vayas al trabajo. No se trata de estar pegoteados todo el día; no me abraces, no te encimes, no compenses, sólo no quiero que hoy vayas al trabajo.

Mamá, cuando me quedo solo en casa aquí se oyen ruidos raros y unas voces que no sé de dónde vienen. Lo que menos quiero es que te asustes, pero, si un día, al regresar, me encuentras mal, o no me encuentras, en fin: tú sabrás.

Mamá, no quiero que hoy vayas al trabajo. Mamá, no quiero que hoy vayas al trabajo. Pues podemos ver la tele o alquilar unos videos, nos pedimos unas pizzas o nos vamos de paseo, por favor: no quiero que hoy vayas al trabajo.

Mamá, cuando me quedo solo en casa vienen pensamientos raros a mi mente: me torturan pesadillas y esto afectará mi desarrollo. Si termino ladrón o introvertido o algo peor, en fin: tú sabrás. Mamá, no quiero que hoy vayas al trabajo. Mamá, no quiero que hoy vayas al trabajo.

Ya miré por la ventana, vi el tráfico muy lento, llegarás tarde al trabajo y a morir de aburrimiento. ¡No quiero que hoy vayas al trabajo!


(¡POR FIN ESTOY OYENDO BOCA SUCIA DE PESCETTI!)

jueves, 20 de noviembre de 2008

Ojo, amantes de los tatuajes

Fíjense en el color, en las grecas, la fina impresión de las espirales, el realismo y la tortuosa delicadeza de la concentración que se alcanza en algunos detalles.


¡El tatuaje! ¡Vean el tatuaje! ¡No vean el trasero de Angelina Jolie!

(¡NO LO VEAAAAAAAAN! ¡MIS OJOOOOOS!)

Una gran canción para los amantes de los gatos

Hey, little Sparta.



Vía el Tecnoculto. Qué blog, señores.

(HEY, LITTLE SPARTA!)

Ya viene el Día de No Comprar Nada


Se celebra el 28 de noviembre en Estados Unidos y el 29 de noviembre en el resto del mundo. O no, pues, pero es una excelente idea. ¿Se une usted, compulsiva lectora, incontrolable lector?

(¡YO SÍ!)

Definiciones

1. Esto es distraerse de verdad.

2. Esto es tener mala pata.

(PITY)

Este señor sabía


Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor: quien lo probó lo sabe.


(MI TÍO, DON LOPE DE VEGA!)

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Qué remaldita y podrida envidia

Pero qué gusto, chingau. ¡Así debía ser en todos lados!

(TEATRO!)

Notas de hoy y siempre

1. Que dice el embajador de EU que la culpa del narco en México es de EU. Ajá. Sí. Cómo no. Qué valentía. Graaaaacias, señor Tony.

2. ¡Secuencian el genoma del mamut! Bien lo dice El Mundo: Michael Crichton se habría muerto del gusto de leer algo como esto. Aunque, claro, ya se murió.

3. ¿Hay algo más sexy que Scarlett Johansson? Sí: una sesión de fotos sexys con la sexy Scarlett Johansson. Lector: no babees. Lectora: aguántate la envidia (no te creas, lectora guapísima).


4. Y que la familia más antigua del mundo murió asesinada. O sea, que nos viene de tradiciones. Pues somos una pena, hombre.

5. ¿Usted buscaba boletos para Radiohead en el Defe, en marzo? Pues ya se la pasó a pellizcar, lectora tardada, lento lector. Ahora, a sufrir la burla de los afortunados (y, de todos modos: cuando algo le interesa a tantísima gente, tanta que supones que estar entre ellos sólo te traerá apretujamiento, yo prefiero hacerme a un ladito).

6. ¿Le gusta a usted Giorgio de Chirico? A mí, sí. Y hay una expo suya en Roma que está mereciendo muchas notas. Lea usted ésta, si le parece bien.


7. Por último: ¿usted está de acuerdo con la idea de que Carlos Fuentes es el novelista más importante de los últimos 50 años en México? No, no: a mí ni me mire, que no lo he dicho yo.

(¡PERO RADIOHEAAAAAAAAD!)

Johnny Depp es El Sombrerero Loco (dicen)

Sería así, la cosa:


Yo digo: saaaaabe.

(PELI DE TIM BURTON PARA 2010)

En el borde


En The Film Zone (no sé por qué no veo más ese canal) pasan On the edge, con Cillian Murphy y Stephen Rea (luego iban a ser extravagantes novios en Breakfast on Pluto). Cillian es un suicida en rehabilitación, y le explica a su psicólogo, Rea:

"Si pudiera explicarte lo bueno que es, todo el mundo estaría tirándose por las ventanas".


Y observo que es la mejor descripción que he escuchado en mucho, mucho tiempo. Y Tricia Versey es hermosa.


PS DESPUÉS DE VERLA
Es muy linda. Es muy clara. Volverán a pasarla en The Film Zone el 22 de diciembre a las 22:00 horas. Véala, usted.

("ES UN ALIVIO ESTAR VIVO, ¿VERDAD?")

domingo, 16 de noviembre de 2008

De mi abuela (¡perdón! Mi mamá Trini)

El delegado del video dice que mi mamá Trini ha entregado su vida toda su vida en su vida. O algo así. Lo atribuyo a que el señor se puso nervioso por la cosa de la cámara y eso.

Es mi abuelita. Mi mamá Trini. Si la llamaba "abuela", me amenazaba con soplarme una sesión de cinturonazos. Nunca lo hizo.

Su hija Ana lo está pasando mal.

(DAMN)