1. No tenía Internet y sí mucho trabajo: mi periódico fue sacudido por una de las decisiones corporativas más marranas de los últimos años. Sobreviví, aunque, aprovechando el clima Watchmen, ya no sé si valió la pena.
2. Michael Jackson financia su canto de cisne: ¿está a la altura del plumaje? Tiene 50 años y un pasado tormentoso. Tiene a los fans más fervientes del planeta. Y está vendiendo las entradas, todas las entradas, para sus últimos conciertos. Quizá eso demuestre que ser el Rey del Pop tampoco fue nunca algo moralmente positivo.
9. , Junie B. Jones, otro superventas (best seller) que fascina a los que observan el mercado infantil. Eso demuestra que Harry Potter ya pasó y ojalá que los que vengan duren menos.
Una de las cosas más hermosas que ha hecho Tom Tykwer (casi no ha hecho nada que no sea hermoso en el cine) es este corto, incluido en Paris, je t'aime. Natalie Portman es bellísima.
2. Hoy hay recorte de personal en el diario. Nos dejarán más al rape que Lex Luthor. No sé qué decir. Ese sitio ha sido mi empleo por diez años. En el fondo, lo quiero. Si sobrevivo, será lamentable; si me corren, será lamentable. ¿Qué pena será más fácil de tolerar?
2. Una chica monísima que descubrí en Do you like Hitchcock? del imperdonable Dario Argento: ella se llama Cristina Brondo y está más mona que las majas de Goya. Un señor le hizo un blog.
Me lo pasaron ayer. Ya puede consultarse en el sitio del Instituto Internacional del Teatro. La traducción es de la revista Artez. Y el autor es un caso aparte interesantísimo: Augusto Boal, quien se reputa "trabajador del teatro en Brasil" y, alguna vez, ya fue mencionado como candidato al premio Nobel de la Paz.
En el mismo Instituto Internacional del Teatro le informan de la iniciativa de la Unesco que dio lugar al Día Mundial del Teatro, que celebramos los días 27 de marzo; y de los demás autores de los mensajes de años pasados, asombrosos todos.
Mensaje de Augusto Boal para el Día Mundial del Teatro (27 de Marzo de 2009)
Todas las sociedades humanas son espectaculares en su vida cotidiana y producen espectáculos en momentos especiales. Son espectaculares como forma de organización social y producen espectáculos como este que ustedes han venido a ver.
Aunque inconscientemente, las relaciones humanas se estructuran de forma teatral: el uso del espacio, el lenguaje del cuerpo, la elección de las palabras y la modulación de las voces, la confrontación de ideas y pasiones, todo lo que hacemos en el escenario lo hacemos siempre en nuestras vidas: ¡nosotros somos teatro!
No sólo las bodas y los funerales son espectáculos, también los rituales cotidianos que, por su familiaridad, no nos llegan a la consciencia. No sólo pompas, sino también el café de la mañana y los buenos días, los tímidos enamoramientos, los grandes conflictos pasionales, una sesión del Senado o una reunión diplomática; todo es teatro.
Una de las principales funciones de nuestro arte es hacer conscientes esos espectáculos de la vida diaria donde los actores son los propios espectadores y el escenario es la platea y la platea, escenario. Somos todos artistas: haciendo teatro, aprendemos a ver aquello que resalta a los ojos, pero que somos incapaces de ver al estar tan habituados a mirarlo. Lo que nos es familiar se convierte en invisible: hacer teatro, al contrario, ilumina el escenario de nuestra vida cotidiana.
En septiembre del año pasado fuimos sorprendidos por una revelación teatral: nosotros pensábamos que vivíamos en un mundo seguro, a pesar de las guerras, genocidios, hecatombes y torturas que estaban acaeciendo, sí, pero lejos de nosotros, en países distantes y salvajes. Nosotros que vivíamos seguros con nuestro dinero guardado en un banco respetable o en las manos de un honesto corredor de Bolsa, fuimos informados de que ese dinero no existía, era virtual, fea ficción de algunos economistas que no eran ficción, ni eran seguros, ni respetables. No pasaba de ser mal teatro con triste enredo, donde pocos ganaban mucho y muchos perdían todo. Políticos de los países ricos se encerraban en reuniones secretas y de ahí salían con soluciones mágicas. Nosotros, las víctimas de sus decisiones, continuábamos de espectadores sentados en la última fila de las gradas.
Veinte años atrás, yo dirigí Fedra de Racine, en Río de Janeiro. El escenario era pobre: en el suelo, pieles de vaca, alrededor, bambúes. Antes de comenzar el espectáculo, les decía a mis actores: “Ahora acaba la ficción que hacemos en el día a día. Cuando crucemos esos bambúes, allá en el escenario, ninguno de vosotros tiene el derecho de mentir. El Teatro es la Verdad Escondida.”
Viendo el mundo, además de las apariencias, vemos a opresores y oprimidos en todas las sociedades, etnias, géneros, clases y castas, vemos el mundo injusto y cruel. Tenemos la obligación de inventar otro mundo porque sabemos que otro mundo es posible. Pero nos incumbe a nosotros el construirlo con nuestras manos entrando en escena, en el escenario y en la vida.
Asistan al espectáculo que va a comenzar; después, en sus casas con sus amigos, hagan sus obras ustedes mismos y vean lo que jamás pudieron ver: aquello que salta a nuestros ojos. El teatro no puede ser solamente un evento, ¡es forma de vida!
Actores somos todos nosotros, el ciudadano no es aquel que vive en sociedad: ¡es aquel que la transforma!
1. En este sitio dicen que Voltron es la mejor caricatura de los 80. Ja. Enlistan un top ten, de hecho, y sostienen en la lista a los Transformers, GI Joe y el Inspector Gadget. Por fortuna, no se olvidaron de los Thundercats.
2. ¿Sabe usted que hay nueva titular en el Conaculta? Es Consuelo Sáizar, que fue la editora de Jus, luego la jefa del Fondo de Cultura Económica, y ahora una esperanza para muchos integrantes de la comunidad cultural que agradecen, que al menos, la señora en cuestión sabe leer. No garantiza que las cosas vayan a salir bien, pero da esperanzas.
Imagínate al irreprochable Johnny Depp con Christian Bale, Billy Crudup, Marion Cotillard, Giovanni Ribisi, David Wenham, Stephen Dorff y Leelee Sobieski, entre otros. Imagínatelos actuando juntos en una misma película. Imagínatela dirigida por Michael Mann.
Es Public enemies: para mí, la película más esperada del año. Debido a la sobreexposición de Watchmen, que además se estrena ya este fin de semana, he decidido decantarme por un proyecto que me permite entregarle toooodas mis expectativas.
¡Michael Mann, señores!
Me he enterado de la emisión del tráiler y el póster oficiales en Blogdecine, que nunca falla (aunque tiene uno que otro colaborador que qué hueeeevaaaaa!)
3. Lear viene a cuento porque iba a haber dos cintas de Lear. Pero el chisme está rarísimo. Al parecer, se canceló, o se cancelará, una donde Hopkins será Lear, con Keira Knightley de Cordelia y Gwyneth Paltrow de Regan y Naomi Watts de Goneril. Queda vigente otra: ¡la de Al Pacino! ¿Será?
Enter Judges, Senators and Tribunes, with MARTIUS and QUINTUS, bound, passing on to the place of execution; TITUS going before, pleading TITUS ANDRONICUS Hear me, grave fathers! noble tribunes, stay! For pity of mine age, whose youth was spent In dangerous wars, whilst you securely slept; For all my blood in Rome's great quarrel shed; For all the frosty nights that I have watch'd; And for these bitter tears, which now you see Filling the aged wrinkles in my cheeks; Be pitiful to my condemned sons, Whose souls are not corrupted as 'tis thought. For two and twenty sons I never wept, Because they died in honour's lofty bed.
Lieth down; the Judges, & c., pass by him, and Exeunt
For these, these, tribunes, in the dust I write My heart's deep languor and my soul's sad tears: Let my tears stanch the earth's dry appetite; My sons' sweet blood will make it shame and blush. O earth, I will befriend thee more with rain, That shall distil from these two ancient urns, Than youthful April shall with all his showers: In summer's drought I'll drop upon thee still; In winter with warm tears I'll melt the snow And keep eternal spring-time on thy face, So thou refuse to drink my dear sons' blood.
Enter LUCIUS, with his sword drawn
O reverend tribunes! O gentle, aged men! Unbind my sons, reverse the doom of death; And let me say, that never wept before, My tears are now prevailing orators.
LUCIUS O noble father, you lament in vain: The tribunes hear you not; no man is by; And you recount your sorrows to a stone.
TITUS ANDRONICUS Ah, Lucius, for thy brothers let me plead. Grave tribunes, once more I entreat of you,--
LUCIUS My gracious lord, no tribune hears you speak.
TITUS ANDRONICUS Why, tis no matter, man; if they did hear, They would not mark me, or if they did mark, They would not pity me, yet plead I must; Therefore I tell my sorrows to the stones; Who, though they cannot answer my distress, Yet in some sort they are better than the tribunes, For that they will not intercept my tale: When I do weep, they humbly at my feet Receive my tears and seem to weep with me; And, were they but attired in grave weeds, Rome could afford no tribune like to these. A stone is soft as wax,--tribunes more hard than stones; A stone is silent, and offendeth not, And tribunes with their tongues doom men to death.
(LUEGO VIENE LA ESCENA DE LAVINIA Y, ¡PUTA MADRE, SHAKESPEARE!)
No me gusta Julie Taymor. Vi Across the universe y me divertí bastante, y ya. No me gusta su Titus, pero casteó a Anthony Hopkins y difícilmente me imaginaré otro Tito, como no sea Laurence Olivier. Titus Andronicus es una obra enorme y a menudo incomprendida. Sigamos. No me gusta nada Frida, pero se aventó al ruedo con la imparable Salma Hayek y eso hay que reconocérselo tanto a Salma como a Taymor.
Dedicada por años al teatro (adaptó El rey león a musical, ajá, fue ella, y ahora mismo está embarcada en esa rarísima noticia que es Spider-Man: El musical, sobre la peli de Sam Raimi), la Taymor tiene un par de versiones dirigidas para tele de Edipo Rey y La tempestad. Y por aquí sale el asunto: Taymor dirige actualmente una película de La tempestad.
Puse esta cara: :|
La tempestad es uno de los textos más impactantes de Shakespeare para el teatro. Todo en él es teatral y los directores que la acometen, según sé, suelen sentirse agobiados de la enorme cantidad de recursos que tienen que manejar, y felices, enloquecidamente felices, porque aquella tortura intelectual es también una fiesta al nivel emocional. ¿Un brujo y ex gobernante exiliado en una isla donde no parece sufrir el exilio, sino más bien sólo esperar la muerte? ¿Su hija, doncella salvaje y dulcísima, esperando un hombre con el que pueda empezar su propia vida? ¿Un demonio, Calibán, al que Próspero crió y luego echó de su seno, cuando intentó tomar a la hija, Miranda? ¿Y la llegada de náufragos a quienes el mar les perdonó la vida, aunque el brujo Próspero convocara, en su afán de una última venganza, la furia de los océanos? ¿Y muchos, muchos elfos de la naturaleza, contemplando las creaciones y el pensamiento de Próspero? ¡Y un ángel! ¡Un elfo atado a la voluntad de Próspero, que de ella depende!
Es todo un festín de imágenes, fantasía, música, magia, pesadillas y monstruos... damn, damn, muy propio para atraer a Julie Taymor.
Oh, Dioses.
Peter Greenaway, una mente equivalente, tiene en Los libros de Próspero la que posiblemente sea su mejor película (y una de las piezas musicales más absolutamente hermosas, más hermosas de Michael Nyman): un homenaje a la poesía que morirá con el protagonista de La tempestad, a la última intriga que es capaz de urdir; y a la belleza del deseo representada por Miranda; y a la sed de venganza y la maldad enquistada que simboliza Calibán; y la esperanza cándida, la inocencia de la magia que deberá explotar, que es Ariel, el ángel que habita junto a Próspero. Todo en la puesta en escena de Greenaway es un acierto: sus excesos coreográficos y escenográficos cobran un sentido furioso y ordenado al mismo tiempo. Ariel, por ejemplo, es interpretado por tres actores que nunca hablan: un adulto, un adolescente y un niñito, todos convocados al mismo tiempo a la esclavitud y el amor de Próspero.
Próspero, por cierto, fue John Gielgud.
Las lecturas simbólicas (alegóricas) son muy sencillas. Próspero, el protagonista, es un símbolo del propio Shakespeare: el viejo sabio que contempla la magia que él ha creado y la que él ha atraído; y que sabe que, cuando se muera, todo eso desaparecerá. Algo ha de salvar: Greenaway elige que la magia que queda libre sea Ariel, que es eternamente niño y joven y adulto. Nuestro Shakespeare, la magia que de Shakespeare tenemos, es Ariel libre: todos estos siglos, Ariel ha volado y se ha venido a presentar ante nosotros. Y Próspero no está más, pero ha salvado aquello.
El teatro es Ariel. Ariel es el teatro.
Las alegorías con los elfos de Tolkien no son accidente. Tolkien pensó varias veces en los elfos desde fuera de su propia mitología y en no pocas ocasiones tomó en cuenta a La tempestad de Shakespeare. No sé si alguna vez se le ocurrió que, en su obra, los elfos son Próspero, y Ariel son la magia de los elfos que queda en el mundo de los hombres.
Me preocupa la película de Julie Taymor. No me parece una buena directora, sino una gran productora: una experta en el arte de producir imágenes hermosas y ordenadas. Pero no me parece que acabe de penetrar con inteligencia los conflictos humanos de sus cintas. Es gráfica y plástica: su Titus, la más atinada de sus cintas, es sangriento, pero no me parece que sea apasionado. Los dos gigantescos actores protagonistas, Hopkins y Jessica Lange como Tamora, hacen tanto por sus personajes que casi se desearía verlos sólo a ellos, como bien podría decidir un director de teatro competente. Otros muy buenos intérpretes completan un reparto afortunadísimo: hoy más famoso, Jonathan Rhys Meyers es uno de los hijos de Tamora, Angus MacFadyen es Lucio el hijo de Tito, el enloquecido Alan Cumming es Saturnino, James Frain hace decorosamente al trágico Bassiano, Colm Feore aporta un poco de concreción con su Marco... todo bien hasta que captas el espíritu estético de la obra: la rabiosa gana de decir ¡Shakespeare es modeeeerrrrrrrrno!, que fracasa desde el inicio, desde la infantil mirada de alguien incapaz de encontrar, en una alegoría, la auténtica metáfora. Ya lo sabemos: Shakespeare es perpetuo. En nuestro mundo, Shakespeare es nuestro mundo de símbolos (Kurosawa es un gran ejemplo para pensar: en nuestro mundo y en cualquiera). Julie Taymor intenta un acercamiento noventero, con estética de MTV y anorexia vampiresca, a un texto clásico; y fracasa con tal estrépito que hasta acá resuenan aún los costalazos de las armaduras brillantes que pintó de azul. Su tragedia es más La entrevista con el vampiro que Shakespeare. En su película no hay modernidad: hay videoclip pero nula profundidad política o antropológica. Es una lástima: su valiente comprensión plástica de Shakespeare es ejemplar.
Bien. La tempestad de Julie Taymor incluirá esta primera noticia curiosa. Próspero será ¡una mujer! ¿No es muy joven, Julie Taymor, para perpetrar su testamento personal mediante una Próspera? La elegida es ni más ni menos que Helen Mirren, quien, siendo, como es, una actriz experimentadísima, debe estar brincando de felicidad al romper esa imposible barrera que es la división de géneros en el teatro.
Bueno...
El reparto tira de espaldas. Quita el aliento. Oh, qué reparto. ¿Qué hará Taymor con él?
Djimon Honsou, un actor intenso y carismático, mucho más acertado que lo que sus entusiastas promotores quieren, será Calibán. Alan Cumming, el Saturnino de su Titus, será Sebastian, el hermano del rey de Nápoles. Ese actor de tan hermosos recursos que es Alfred Molina será Estéfano, uno de los náufragos borrachos que encuentran a Calibán. ¡Saldrá David Strathairn, a quien reverencio después de Good night, and good luck y My Blueberry nights! Chris Cooper será Antonio, el hermano de Próspero, que usurpó su ducado. Ben Whishaw, el Grenouille de Tykwer en El perfume, será Ariel. No conozco a los dos actores que harán dos bonitos papeles imprescindibles: Felicity Jones como Miranda y Reeve Carney como Ferdinand. Un señor Tom Conti, a quien no me parece conocer pero me parece que debería, está en el casting.
Espero lo peor. Así, como en otras ocasiones, obtendré lo mejor. Y espero, fervientemente, a un director valeroso en México, que sepa dedicar un par de años de su vida a la resolución honorable de un buen montaje de La tempestad.
Es pura magia.
Pongo aquí, para terminar, un video que he encontado del final de Prospero's books de Greenaway. De verdad, hay que ver esta cinta. Es hermosísima, y Greenaway, ese artista tan equivocado de época (para desgracia suya y de todos), hace un regalo muy digno a los lectores de Shakespeare.
El problema es su estilo. Su estilo singular: frívolo, descuidado e irritantemente peligroso. Lea usted este fragmento de una entrevista que concedió este viernes a reporteros:
—Oiga, y en el caso (inaudible), señor gobernador... es que usted, cuando está también de acuerdo que, pues, una madre, de alguna manera, sea obligada...
—No voy a entrar a ese tema. Las circunstancias pueden ser las que ustedes quieran, nadie tiene derecho a disponer de la vida de otro ser humano, nadie, yo creo que eso es contundente; alguien que le va mal en la vida, nadie tiene derecho a hacerlo. Miren: si les gusta la historia, chequen la iniciativa que se presentó en el sentido inverso, ¿sí?, en la Alemania de Hitler. Hitler presentó una iniciativa exactamente al revés, y yo creo que lo que están haciendo las personas que presentan la iniciativa es dignificar a la gente de Jalisco; nosotros no nos podemos equiparar con lo que hizo Hitler en Alemania. Hitler presentó exactamente lo inverso y tuvo vigor en Alemania mientras Hitler estuvo ahí. Por algo fue derrotado Hitler, ¿no?, y es como un antiejemplo de lo que no debe ocurrir.
Léalo de nuevo, usted, lectora que no puede cerrar los ojos, lector que siente ganas de golpear a alguien. Sí: el gobernador se atrevió a hablar de Hitler con esta frialdad y con esta tranquilidad. Sí: el gobernador agarra a Hitler para resolver su aversión por los opositores a la iniciativa del PAN. Sí: el gobernador acaba de darnos a entender que agarrará a Hitler para lo que se le ofrezca.
Sí.
Y ojo con algo muy delicado: el reportero no acaba la pregunta acerca del papel de la mujer, no se sabe qué iba a preguntar. Pero el gobernador la ataja justo antes y declara: "Las circunstancias pueden ser las que ustedes quieran". Ojo con eso: justo la discusión sobre la iniciativa en Jalisco ignora, curiosamente, las excepciones que ya prevé la ley penal (aquí puede usted encontrar la norma que citaré): el Código Penal de Jalisco, en su capítulo VIII, artículos 227, 228 y 229, prevé que, en caso de violación, o cuando la vida de la madre corra riesgo, el aborto no será castigado penalmente. ¡Y la iniciativa deja volando esas excepciones! ¿Irán a quitarlas, en aras de esta defensa del "derecho a la vida" que hace el gobernador, "las circunstancias pueden ser las que ustedes quieran"?
El tema es larguísimo. Es casi eterno y casi inagotable. Pero el gobernador no ayuda en nada a que lleguemos a un acuerdo. Quizá porque le interesan poco los acuerdos: quizá porque él y su partido se han acostumbrado a una cómoda vida de imposiciones en su relación con la gente. Yo estoy a favor de que se legalice el aborto: estoy en contra del aborto pero jamás sentiré simpatía por que las leyes que me rigen declaren que, como el Estado protege el derecho a la vida, cualquier clase de aborto estará penada siempre.
Y ahora resulta que, por oponerme, al gobernador le huelo a hitleriano.
1. Las tres películas con más Oscar son de corte épico: Titanic tuvo 14 nominaciones y gano 11 premios; Ben-Hur, 11 de 12; El Retorno del Rey, 11 de 11.
2. Titanic y All about Eve son las películas más nominadas: 14 cada una. La diferencia es que Titanic ganó 11 y Eve sólo obtuvo 6.
3. Luego de Titanic y All about Eve hay 8 películas con 13 nominaciones cada una y otras 8 con 12 nominaciones cada una. Luego hay 10 películas nominadas, cada una, a 11 Oscar.
4. La película más exitosa en términos de nominaciones sobre premios es El Retorno del Rey, que ganó todos los 11 Oscar a que fue nominada. En la misma situación, es decir ganadora de 100 por ciento de los premios ofrecidos, están otras tres cintas: Gigi y El último emperador (ambas, 9 de 9 nominaciones) y It happened one night (5 de 5).
5. A las anteriores les siguen: Ben-Hur (11 de 12, o un cociente de 91.6), West Side Story (10 de 11, 90.9), y The bridge on the river Kwai y Los mejores años de nuestras vidas (cada una, 7 de 8, para 87.5).
6. Una de las combinaciones más frecuentes es la de las películas nominadas a 10 Oscar que se llevan 5 a casa: en 6 ocasiones se ha presentado ese resultado. En 5 ocasiones se dio que las nominaciones fueran 9 y las películas se llevaran 5 premios.
7. Si usted quiere Oscar, revise que su película tenga un título que comience con A, como Amadeus, American beauty, A man for all seasons o Around the world in 80 days. Toma usted las películas con 5 Oscar o más tendrá una lista de 59 cintas. Entre ellas, las cintas más exitosas en términos de la relación nominaciones/Oscar son aquellas 7 cuyo título empieza con A: entre todas obtienen un promedio de cocientes de 65.3 por ciento. Les siguen las 8 cintas cuyos títulos comienzan con S: entre todas, obtienen un cociente promedio de 61.1 por ciento.
Ayer supe que soy un ruquito y no me molesta. Quiero decir: que incursiono ya con cada paso en el bonito mundo de la gente de treinta, que engorda y se hincha y se ve ridícula tratando de ligar y ahora se emborracha y ya no da risa, sino da pena. Que se arregla lo mismo para ir a una primera comunión que a un concierto de Joan Sebastian. Que se hace cosas en la cara y en el pelo para verse distinta. Que no tiene tiempo ya para nada. Que es feliz pero no quiere porque extraña ser irresponsable y ha advertido que sólo será feliz mediante la vía de sus odiosas obligaciones nuevas. Que ahora se parece a los adultos que criticaba cuando tenía 25 y el mundo parecía gobernado por moluscos mientras la gente valiosa preparaba un épico y florido golpe de estado. Esa gente que finge ser joven, pero ya no lo es.
Estaba rodeado de gente así, unas cinco mil personas, ayer en el auditorio Telmex, viendo a los Hombres G. El consuelo patético es que era el más joven de los que detecté cerca. Después de los treinta, he aquí una anotación, la gente ya no debería bailar, y mucho menos entusiasmarse. Después de los treinta es un pecado perder la compostura. Un pecado estético.
Los Hombres G empezaron a sonar en México cuando yo tenía siete años. Me sé muchas de sus canciones. La verdad es que me gustan. ¡Y eso es espantoso! A la mitad de la mayoría de los coros, me ganaba la risa. Yo estaba feliz, como haciendo una travesura; como si fuera una soltera en su despedida y le mirara la corbata de moño al estríper. Feliz, cantaba en voz alta, con los gritos de dos gordas por detrás y los brinquitos de un petardo con su novio petarda perfumados con perfume pirata del Tianguis del Sol.
Los Hombres G me divirtieron. Y lo supe: estoy viejo. No le tengo paciencia a la gente y quiero insultar a cualquiera que opine distinto que yo. A todos los veo más vulgares que nunca; a todos, más estúpidos.
Y luego volteo y estoy cantando aquello de: "Es inútil que sigas mintiendo, no me puedes engañar...".
Por eso digo que me saqué una espinita atorada durante veinte años: la cicatriz dice: "Treinta" y, si te fijas bien, se lee: "Treinta, digo: ya tienes casi treinta años y te ves mal".
Supongo que el pecado se redondea de esta manera:
me río de mí mismo; lo que significa que conservo el sentido del humor.
Dustin Hoffman es uno de mis actores favoritos. Por Kramer vs. Kramer, por El graduado, por Papillon, por Todos los hombres del presidente, por Midnight cowboy y por otras seis o siete películas donde él está increíble. Es cierto: don sir Laurence Olivier perpetró, a su costilla, uno de los mejores insultos contra los actores del Método que se han oído en Estados Unidos (la anécdota, en teoría, es apócrifa, pero es divertidísima). Pero allí sigue, don Hoffman, y basta revisar dos o tres de sus películas para comprobar que es uno de los grandes de Hollywood.
Mis favoritas, velozmente revisadas, de don Dustin Hoffman; califico su trabajo, no las cintas, igual que siempre. Aclaro que no he visto Straight time.
1. Kramer vs. Kramer. 2. Midnight cowboy. 3. El graduado. 4. Papillon. 5. Wag the dog. 6. Straw dogs. 7. Marathon man (la de la broma con sir Olivier). 8. Todos los hombres del presidente. 9. Perfume: the story of a murderer. 10. Tootsie. 11. (fuera de concurso) Rain man. 12. (fuera de concurso) Stranger than fiction.
5. Y, en El Universal, Una bonita fotogalería de Mickey Rourke desde 9 1/2 semanas hasta The Wrestler. Es cierto: no se le reconoce. ¡Ay, caray, Señor del Huerto!
1. f. Entretenimiento que consiste en pasar de un papel a objetos diversos de madera, porcelana, seda, estearina, etc., imágenes coloridas preparadas con trementina. 2. f. Imagen obtenida por este medio. 3. f. Papel o cartulina que tiene la figura, antes de transportarla.
(¡NO SE DICE CALCAMONÍA! SI USTED USA ESTA ÚLTIMA PALABRA, A MI JUICIO ES, CASI SIN REMEDIO, IDIOTA)
0. ¿Le gustan a usted las lecturas maratónicas que organiza la FIL en Guadalajara por el Día Mundial del Libro? Pues ya se abrió la convocatoria para la próxima: vote usted en este sitio y elija entre Poe, De Maupassant y Quiroga.
(¡NO NOS DIGAN SIEMPRE "NO", QUEREMOS JUGAR A LO QUE NOS GUSTA!)
Nota espectacular. Y además, todo quedó ya claro. Sí: se le ve todo. Es una especie particularmente extraña, porque además tiene ojos "tubulares", que reacomoda dependiendo de sus necesidades. Es la Gorgona de los peces, pues: si está comiendo pero necesita vigilar que no vayan a comérselo, pues mueve un ojo dentro de la cabeza para vigilar hacia otros sitios. Por si fuera poco, tiene, además, una aleta plana muy peculiar que le permite desplazamientos natatorios únicos.
Además, es muy bonito.
Soñé con peces anoche: unos desmesurados animales vivían, de repente, en la pecera de mis diminutas mascotas regulares. Intentaba mudarlos a otro acuario y uno de ellos, con forma de salamandra o de lenguado, brincaba y caía al piso. Cuando intentaba echarlo al agua, tenía la consistencia y la silueta de un gato que llorara para que no fueran a mojarlo. El agua lucía no sucia, pero sí llena de un poso denso y café.
El País difunde hoy imágenes y un breve artículo sobre Ágora, la nueva cinta de Alejandro Amenábar, con Rachel Weisz como la célebre Hipatia en la Alejandría del siglo IV. Se ve increíble. Ya nos daremos cuenta si las fotos dicen mucho o poquísimo sobre la cinta en general. Y qué hermosa es la señora Rachel Weisz: ¡que ella sea Gatúbela!
Patéticamente, los patéticos diputados de Jalisco, el estado donde vivo, están discutiendo la patética "ley antiaborto", con la evidente intención de sacar votos siquiera de entre la gente que promueve esta clase de ideas. El problema no es que esto ocurra en un contexto patético tal. El problema es que ya está prácticamente aprobada. El problema es que castigará a quien viole el "derecho a la vida" de los embriones humanos. El problema es que una mujer que se practique un aborto cometerá un crimen y deberá ser castigada. Y que el resto del gobierno estatal está feliz. Feliz.
Espero que se sientan muy felices, sucios ladrones sinvergüenzas, cuando sus hijas tengan que practicarse abortos, no lo confiesen en casa y terminen ya no digamos con un gancho para la ropa en el útero, sino con una responsabilidad penal para arruinarles el resto de la vida siguiente.
2. Antier intentaba definir mi relación con el catolicismo. Dije: "Soy agnóstico". Quizá no lo sea. Quizá sólo soy cristiano, en términos de mi relación con Jesús. La columna de Roberto Blancarte alude a un libro que define con bastante detalle esa relación. Opino que la religión debería ser algo íntimo, privado y casi secreto, algo que se revelara sólo a muy cercanos amigos y seres queridos. Afortunadamente, la historia quiere que creamos la leyenda del Cristo; y yo la creo. Secreta e íntimamente, la creo toda.
3. La columna de Juan Pablo Becerra-Acosta. Me importa. Estoy convencido de que una de las preocupaciones más urgentes de los candidatos y precandidatos en campaña debería ser advertir acciones específicas para resolver los problemas internos de las policías preventivas del país: ¿cómo hacemos para que nuestros policías estén más seguros de que su empleo es digno y decente? ¿Cómo hacemos para que se comprometan con su obligación social? ¿Cómo les garantizamos que sus familias obtendrán beneficios enormes, auténticos privilegios, de la condición que les otorga su empleo? ¿Cómo les decimos: "Hagan esto, y todos los recompensaremos"? Y, en un nivel más personal, ¿cómo hacemos para que los ciudadanos creamos que nuestros policías son servidores públicos que merecen nuestra confianza, nuestra estima y nuestra admiración, que ahora mismo les negamos porque, bueno, la enorme mayoría se lo merece?
Tengo todo el año pensando en el tema, no porque se me vaya a ocurrir una solución, sino porque cada vez me parece más necesario que este país, que se despeña por el abismo del crimen organizado con los ojos cerrados ("si no me pasa a mí, entonces no pasa nada"), le tome la mano a los policías y sienta que puede no tener una relación cordialísima y festiva, pero sí comprometida y seria. Quiero confiar en mis policías: quiero confiar en que me librarán del franelero que amenaza mi auto si no le pago la diaria extorsión, lo mismo que del temible vendedor de droga al por menor que vive en mi cuadra; quiero confiar en que vigilarán mis calles de noche y que, si me ven caminando por allí a las dos de la mañana, no me obligarán a vaciar mis bolsillos nomás porque les parecí sospechoso; quiero confiar en que, si se desata una balacera en avenida Patria a las doce del día un lunes, con las balas yendo hacia todos lados, cuando vea sus lucecitas rojas y azules y reconozca sus bólidos traqueteantes a cien por hora y en sentido contrario por el carril de enfrente, pensaré: "Carajo, al menos ya llegó la policía".
La señora Fanny Kauffman tenía 84 años de edad. Es una buena edad para morirse, supongo. Pero no opinaré más ni sostendré el comentario anterior, porque hay pruebas científicas de que no me he muerto. Lo lamento por esto: desde Vitola, creo que no ha habido una tan portentosa y entera actriz de comedia en el cine mexicano. Hago cuentas y, ahora mismo, no recuerdo a ninguna. Era como la hermana perdida (en México) de los hermanos Marx. Era como el casting que le faltó a Singin' in the rain para completar el número del loquito que es amigo de Gene Kelly. Ya la hubiera querido Liliana Felipe para adornar sus shows de viejas chingonas, pero de las chidas de verdad. Era, Vitola, la mejor flaca del mundo. O, bueno: un enorme ejemplo para las flacas.
Reencarne en alguien tan divertida y tan talentosa como usted, señora Vitola: nos va a hacer falta, no como otros mamones que van y se mueren y no le importan a nadie.
Hay gente que nace así, como ella: es una artista en forma y en el mejor momento de su carrera. Y es simpatiquísima, carajo. Ya se le veía venir, se veía su enorme talento en Heavenly creatures, y no había más que confirmarlo con Sense and sensibility. Su Ofelia es ejemplar. Su Rose en Titanic dignifica una película por otro lado demasiado mal apreciada. Su Iris Murdoch es brutal, tan tremenda como su Clementine rabiosa y visceral de Eternal sunshine... Pero sus películas más recientes son auténticas obras de arte de la actuación, bofetadas en las vulgares lenguas de quienes opinan que en Hollywood se hace un cine irrelevante. ¡Si se callaran tan sólo un momento! Vayan a ver ya mismo Little children: vayan a ver a Kate Winslet convertida en una madre de familia desbarrancándose hacia la necesidad de amor. Véanla en The Reader, sí, una cinta afectada pero, por eso mismo, una mayor demostración de su talento. Y, sobre todo, véanla, ya, ahora mismo, en Revolutionary road: una auténtica cátedra de actuación y una poderosa aventura en el mundo del realismo psicológico. Vea usted a Kate Winslet y descubra a la mejor actriz de su generación en el cine comercial del mundo. ¿No se morirá de ganas, después, usted, de verla en el teatro, vívida y tibia, latiente e incontenible?
1. Lo presumo y qué y qué: al final, éste fue mi mejor año en quiniela de Oscar. Atiné a 16 de 20 premios (dejamos fuera los de cortos y documentales). O sea que, si hubiera sido examen, pasaba con 8, cuando en los años anteriores pasé de panzazo y sólo una de cuatro veces. ¿Dónde fallé? El tristísimo premio que no le dieron a Mickey Rourke pero que sí le dieron al actor con mayor clase de los cinco nominados, aunque no vi a Jenkins y me muero de ganas: el proverbial Sean Penn. ¡No he visto All the king's men! Y de don Penn, adoro Sweet and lowdown. Ah, fallé también (¡como siempre!) el de Fotografía, el de Sonido y el de Película extranjera (¡quiero ver Departures!).
2. Penélope. Una actriz de su tamaño y su nivel será siempre inolvidable. Y de Penélope, para mí, los mejores papeles son justo ésos: Volver y Vicky Cristina Barcelona. Aunque lo auténticamente inolvidable es el diálogo de su puta de parto en un bus de Madrid en Carne trémula, mi cinta favorita de Almodóvar: "¡Ay, que me meo toda!". ¡Al lado de su futura suegra, la enorme Pilar Bardem! No encontré la escena completa, pero aquí está el clip del inicio:
5. Lo mejor de los Oscar: cinco ganadores premiando a los de la noche. ¿Te imaginas a Robert DeNiro dirigiéndole un discurso a Sean Penn? ¿A Shirley Maclaine diciéndole a Anne Hathaway: "Vendrán más"? Y Penn, de nuevo, haciendo una enorme demostración de que algunas cosas cambian para bien, lástima que se tarden tanto:
¿Observaciones sobre la calidad de Slumdog millionaire? Sobran. Es curioso cómo la mitad de la gente considera que es una patraña y de plano la odia y la otra mitad cree que es una maravilla. Los primeros son muy aburridos: hay que tener un pésimo sentido del humor para amargarse luego de asistir a una noche de dados cargados, gente bonita llorando y aplausos gratuitos a tipos de quienes sabemos nada pero hablamos de ellos como amigos íntimos. De tal modo que me ocuparé de los segundos, que son legión; y admito que esto último debería preocuparme, je, pero por lo pronto voy a disfrutar algo que no sirve más que para ser disfrutado. Boyero, crítico de El País, la adora.
"Sin rasgos de impostura ni de antropólogo cultivado, haciendo auténtica, desesperada, emocionante, tierna y cercana a una fauna de la que los occidentales sólo teníamos espeluznantes noticias a través de los concienciados documentales sobre la miseria extrema. Los personajes, el ambiente y los rituales de sufrimiento que padecen esos críos forzosamente buscavidas podrían ser exclusivamente una taxidermia del horror tercermundista, pero Boyle logra inyectarle vitalismo a la sordidez, combinar luces y sombras, dotar de autenticidad al costumbrismo, implicar al receptor de cualquier parte en esta historia de tinieblas y redención, de amores infantiles que perduran a pesar de los destrozos emocionales que causa el paso del tiempo en circunstancias permanentemente sombrías. Y sales contento del cine después de haber observado la tragedia de los desvalidos, con ganas de acompañar cantando y bailando a sus protagonistas en esos encantadores y postreros títulos de crédito en la estación de tren. Es una película osada y atípica, paradójicamente enaltecedora y bonita, ya que casi todo invita al espanto en la realidad que describe. Esta crónica del miserabilismo respira alegría".
Boyero señala un punto esencial, pero algo hermético, para entender el éxito de Slumdog millionaire: la mirada cruel del realizador, que ha elegido narrar una historia cruda desde el lado romántico sin olvidarse de que, o aprendía algo de sus personajes, o mejor no se metía a un sitio de donde no podría extraer más que perplejidad occidentaloide. Y entonces ocurre algo: uno siente alegría pero no siente vergüenza. Alegría porque hay esperanza incluso en la miseria. Y eso es muy difícil de apreciar. Y porque se identifica con aquellos susceptibles de sentir alegría incluso en la adversidad más increíble: se identifica con seres humanos retratados humanamente, cosa que, en teoría, uno desea que haga el cine (bueno, supongo que hay quien prefiere usar al cine para demostrar que sabe bien mucho de planos bonitos y que se le ocurren unas historias que uf, uf y recontrauf). Creo, lo digo ahora, que Danny Boyle merecía más que Slumdog el premio de esta noche de ocho Oscar: el director salvaje de Trainspotting y 28 days, el adolescente malacara de Shallow grave, el lirista asombrado de los poderes del Cosmos de Sunshine, el viejito terrorífico que cuenta ese cuento de hadas llamado Millions (¡sí, es el mismo!), tenía que filmar esta cinta: había que tenerlos bien puestos para abordar una cinta cursi y hacerla discreta, para aventurarse por el punto de vista de los hijos del videoclip y ofrecer, sin embargo, un cine de primer nivel.
Compromiso personal, que me recuerda El Mundo: yo no he visto La Playa. Dicen que es mala. Al menos no es esa otra que hizo con Cameron Diaz y el pobre Ewan McGregor. Agh, que me acuerdo.
¿Argumentos en contra? Hay bastantes (uno y dos, tres y, bueno, éstos).
Y es Boyero otra vez, ese señor de El País, quien se dirige a la enorme cantidad de amargados que ahora, luego de la noche de los Oscar, se atreven a lanzar su envenenado juicio, cuando antes tuvieron la boca llena de miedo para decir qué opinaban y correr el riesgo de equivocarse (eso de callarse opiniones, o de vociferarlas, para luego cambiar de actitud y descalificar a quienes no cambien igualmente, se llama esnobismo, y da una flojera tremenda). Y no es una defensa de Slumdog, que a final de cuentas nos lo mismo a todos; sino una defensa del espectáculo, como una evasión inocente si accedes a ella desde la candidez de tu sentido de la ironía o, como dije mejor antes, eso que le falta a la enorme mayoría entre los detractores de Slumdog: sentido del humor:
"Los Oscar vuelven a demostrar que el talento no está en crisis. Lanzan a la famélica cartelera una docena de películas que otorgan sentido a ese placer incomparable consistente en ir al cine".
Y uno no puede estar más que de acuerdo.
(YO NO SOY INDIO PERO TENGO UNA HERMANA EN INDIANA. ¿SIRVE?)
La lista es simplemente palomitera. Jon Favreau es súper cool, pero no es uno de los 25 mejores directores de la actualidad; punto. Guillermo del Toro es megacool y me da muchísimo gusto que esté en boca de todos, porque su trabajo lo vale, pero no es uno de los 25 mejores directores de la actualidad; punto. Paul Greengrass es un chingón, pero tampoco está entre los 25. Y, oh Dios, ¿Ron Howard? Admito que hagas una lista cool y linda pero ni siquiera así te admito a Ron Howard. ¿Qué culpa tienen Zack Snyder y Sam Raimi?
Me gustan, sin embargo, los comentarios para don Clint Eastwood: la evidencia de que es uno de los mejores: ¿qué? ¿Estuviste dormido toda esta década? Y para Spielberg: no sólo inventó los blockbusters; inventó nuestras infancias.
Estoy armando mi quiniela para los Oscar y me entero de los resultados de los Razzies. Para alivio de mi atormentado sentido del pudor, The Happening y Shyamalan no obtuvieron ningún premio. Entre los señalados sí está, en cambio, el pobre señor don Pierce Brosnan. ¿Lo vio usted en Mamma mía?
Hasta ahora, mi quiniela de Oscar queda así, aunque es notorio que tengo un par de dudas:
PelículaSlumdog millionaire Director Danny Boyle, Slumdog millionaire Actor Mickey Rourke, The wrestler Actriz Kate Winslet, The reader Actor de reparto Heath Ledger, The Dark Knight Actriz de reparto Penélope Cruz/Taraji P. Henson Guión originalMilk Guión adaptadoSlumdog millionaire FotografíaThe curious case of Benjamin Button Dirección de arteThe curious case of Benjamin Button Efectos especialesThe curious case of Benjamin Button EdiciónSlumdog millionaire MaquillajeThe curious case of Benjamin Button VestuarioThe duchess SonidoThe Dark Knight Edición de sonidoThe Dark Knight Banda sonora Danny Elfman, Milk/A. R. Rahman, Slumdog millionaire Canción "Jai Ho", Slumdog millionaire Película extranjeraWaltz with Bashir Película animadaWall E
Una de mis personas favoritas en esta ciudad, Blanca Aldana, mereció un artículo harto valioso en Mural, con todo y su monona fotogalería. Espero que a ella le haya gustado. Lo reproduzco completo porque es de paga y luego usted, ávida lectora, curioso lector, no va a poder entrar. Déjeme agregar algo: el trabajo de Blanca como Estragón en Godot de Sara Isabel Quintero es posiblemente lo mejor que le he visto a una actriz de menos de 30 años en esta ciudad.
Llena de vida la escena
Actualmente la versátil actriz está presentándose en el Rojo Café con la obra de Ignacio Ayala, "Calibre 45". Foto: Ángel Llamas
Con todo y que su nombre es constante en elencos teatrales, Blanca lamenta no poder vivir de la actuación
Grupo Reforma
Guadalajara, México (22 febrero 2009).- "Un actor que no está en formación, está en deformación". Bajo esta premisa que alguna vez escuchó del director de escena Luis de Tavira, Blanca Aldana, ha ido formándose como actriz profesional.
Blanca proviene de una familia de alfareros y artesanos jaliscienses. Es la segunda hija de José Aldana y Blanca Jiménez y a sus 28 años ya tiene un currículum que incluye más 700 funciones a través de 30 obras teatrales, un largometraje y cinco cortos.
La actriz se acercó al arte escénico en 1998, cuando ingresó al ITESO a estudiar la carrera de Ciencias de la Comunicación y se incorporó a Alebrije, el grupo teatral de la universidad dirigido por Mary Paz Gómez Pruneda.
"Blanca fue muy entusiasta desde el principio, recuerdo que uno de sus primeros personajes fue el de una prostituta, teníamos la presentación en el ITESO, y ella se vino vestida y pintada desde su casa", recuerda con risas Gómez Pruneda.
"Ella se dedicó de lleno a la profesionalización, y ahora es como un chile de todos los caldos, está siempre metida en todo, pero siempre se puede tener la confianza de que va a enriquecer e ir más allá de lo que se le pida" agregó.
A los tres meses de ingresar a este grupo, Blanca pisó por primera vez un escenario interpretando el personaje "Siempreviva" en la obra "La Lotería", dirigida por Gómez Pruneda.
"Aunque en Alebrije no me enseñaron una metodología de actuación específica, tuve la experiencia de lo que implica subirse al escenario", comenta la actriz.
Fue en ese grupo, asegura, en el que comenzó a amar al teatro, pero con Rafael Garzaniti fue con quien empezó su formación profesional.
"Estudié con Rafael Garzaniti por cuatro años, dejé de actuar un tiempo para prepararme profesionalmente, con Rafael, tuve mucha conciencia de lo que es la técnica de la actuación, estudié realismo, comedia del arte, tragedia..." explica.
"Blanca era muy exigente en sus entregas actorales, a veces exigente. Una anécdota que quisiera recordar es cuando ella estaba de intercambio en España, desde allí, pidió se le reservara un lugar para estudiar en lo que luego sería el Centro de Investigación Teatral y Educativo, eso muestra el ímpetu de Blanca, estudiosa, cuestionadora, alumna excelente, cuando serene su ansia de producción, estará todavía más elegante", comenta Garzaniti, uno de los 14 directores escénicos que le han hecho llamado.
A través de cursos y talleres, Blanca ha enriquecido su formación con teatro físico, impro, técnica clown, que también redondea con su preparación en géneros de danza como el tap, jazz, clásica y española.
Su debut como actriz profesional fue con el montaje "El Adiós del Eclipse, Chau Misterix", dirigida por Rossana Benencia, en el que interpretó los personajes de "Miriam", "Doris Day" y la "Tía".
Después su trayectoria creció con trabajos como "Solitarios Perdedores", con el personaje de la joven Joy; fue narradora en "Animalario", de Miguel Lugo; interpretó a Xochiquetzali en "Piratas", de Manuel Bocanegra, y hasta un personaje masculino llamado Estragón en "Esperando a Godot", de Sara Isabel Quintero, entre muchas más.
"'Esperando a Godot', fue una de las obras que más me han gustado, y que mejor recepción ha tenido, no esperábamos que fuera a gustar tanto porque era muy difícil montarla, fue todo un reto, en esta obra fui el personaje de 'Estragón'", comenta Blanca.
"Un actor tiene que estar constantemente activo, entrenando, practicando y creando personajes, porque luego también se oxidan, desgraciadamente muchos actores trabajan en otra cosa y sólo por periodos cortos de tiempo se dedican a la actuación".
Con todo y que su nombre es constante en elencos teatrales, Blanca lamenta no poder vivir de la actuación. Ella ha trabajado como docente, promotora de la lectura, cuentacuentos y dando clases de teatro.
"A ratos me desespera que no me puedo dedicar completamente a actuar, hay temporadas que no hay nada, pero así es la vida del actor. No sé de que manera sería adecuado que se impulsara un poco más la promoción del arte", expresa.
Actualmente la versátil actriz está presentándose en el Rojo Café con la obra de Ignacio Ayala, "Calibre 45", en donde interpreta a una mesera, y en el Teatro Experimental con "A la Griega", de Rafael Garzaniti, dando vida a los personajes de la Madre, la Esfinge y una mesera de café.
A futuro Blanca tiene en la mira hacer cabaret, mientras tanto también explora en el mundo de los títeres.
Así lo dijo "Un actor tiene que estar constantemente activo, entrenando, practicando y creando personajes, porque luego también se oxidan, desgraciadamente muchos actores trabajan en otra cosa y sólo por periodos cortos de tiempo se dedican a la actuación".
Cada vez con más frecuencia, Strindberg se creía mal visto y perseguido. Tenía un temor muy concreto a las instituciones psiquiátricas. Manifestaba sospechas infundadas, se mostraba decepcionado cuando el "enemigo" se mantenía quieto en vez de reaccionar; y desarrollaba luego un odio imborrable, cuyas consecuencias la persona afectada debía afrontar durante toda su vida. Su euforia juvenil de la época berlinesa "tenía un resabio particular. Su desconfianza, las injusticias cometidas contra otros, la conciencia de haberlos ofendido, el miedo a su venganza, siempre desempeñaban algún papel. Su imaginación siempre se embalaba. Capaz de darlo todo por un amigo, sólo necesitaba un sueño para creer lo peor de esta persona y para actuar de la manera más decidida contra ella". "Por muy estrecha que pareciera, no existía la relación de amistad tras la cual no acechara en él la desconfianza, que se descargaba en súbitas erupciones de las calumnias más malignas e infundadas".
De Karl Jaspers: Genio artístico y locura. Strindberg y Van Gogh. Traducción de Adan Kovacsics. El Acantilado, 2001. Capítulo "Patografía de Strindberg".
1. The soloist. El tráiler es hermoso. La cinta seguro será muy cursi. Pero tiene a Robet Downey Jr. y a Jamie Foxx como protagonistas: ¿a quién le importa la cursilería? ¡Estrénenla ya!
2. Tokyo! Otra cinta de filmes cortos sobre ciudades. Acá son Michel Gondry, Leos Carax (Pola X y Los amantes del puente nuevo) y Bong Joon-ho (¡el de The host!). Por eso es que todo se ve dolorosísimamente alternativo. Ya veremos...
4. En mayo, la Terminator de Christian Bale. Sólo la veré por él. Un tráiler, otro tráiler.
5. Up. Lo próximo de Pixar carga con un fardo de peso inversamente proporcional a a ligereza de los globos de Carl y Russell: las enormes expectativas. Estrena el 29 de mayo, 3D.
6. Y, bueno, esta cosa: el tráiler más reciente de Dragonball Evolution tiene a Piccolo siendo malo, Chow Yun Fat siendo Roshi chistosín y Justin Chatwin siendo Gokú en plan chico cara de tonto. Al menos la joven Bulma se ve guapa. ¿Por qué no son los fans los únicos mortificadísimos?
El IFC Center de Manhattan, que no me queda cerca, tendrá fines de semana de Cronenberg a la medianoche. Me parece excelente idea: nada mejor que salir con náuseas del cine para recorrer las maravillosas calles de Nueva York por ahí de las dos de la mañana. Oh, yo lo he hecho.
Me refiero a náuseas que, de a poco para acá, me provocan menos náuseas. Llamémoslas metanáuseas. Porque Cronenberg es el maestro de la metanáusea: en el pasado, me hacía vomitar su gana de hacerme vomitar. Pero he visto varias de sus cintas, así que puedo afirmar que, con independencia de las dos más recientes (que incorporaron su cáustica visión de lo natural y lo monstruoso a historias realistas y exigieron a sus intérpretes la sujeción no a lo artificial, sino, ya nos vamos entendiendo, a lo real), lo conozco y lo odié todo lo que pude. Pero lo respeto.
Qué ganas de haber trabajado algún día con don David Cronenberg, más admirado por idiotas que detestado por gente inteligente.
Mis favoritas de Cronenberg, insisto, con independencia de A history of violence y Eastern promises.
1. The fly. 2. Crash. 3. M. Butterfly. 4. Dead ringers. 5. Naked lunch. 6. Spider. 7. The Dead zone. 8. Existenz. 9. Videodrome. 10. Scanners.
Hay tipos que sienten que se distinguen cuando exhiben su cualidad de pobre diablo, como si fueran capaces de decirle a alguien más: "Oh, mírame: soy patético y apeno, pero soy mejor que tú". Y están seguros que los demás los leemos, sentimos por dentro una vergüenza inconfesable y nos revolvemos de envidia, anhelando poseer un porcentaje siquiera de sus talentos o su inteligencia.
El pobre diablo del día es un tipo que escribe un blog sobre música para El Mundo, y hoy ejerce su derecho a la verborrea onanista hablando mal de Morrissey. Uno piensa, primero: si tanta pereza le produce, ¿para qué se ocupa de él? ¿Para que no se diga que es incapaz de rebajarse a los niveles de lo comercial que suena en restaurantes? Pase. Que todos tienen perfecta libertad de declarar a Morrissey un animal y una bestia, si place a sus mentes enanas. ¿Que siempre le ha parecido que confesarse fan de Morrissey es un signo de debilidad? Pase. Todo pase. Que pase, que no volveré a pasar por su blog maloliente un solo día.
Don Sheridan se ocupa por unos momentos de célebre y muy nuestro charro local de aquí mismito patriótico y nacional (no hemos tenido un gobernador fan de lo charro, que, si no, ya andaba declarando a Chente Patrimonio de la Humanidat).
(MIENTRAS CHERIDAN NO DEJE DE POSTEAR, SHENTE NO DEJA DE APLAUDIR)
Vi Dark water, dirigida por Walter Salles, con Jennifer Connelly de verdad en uno de sus trabajos más bonitos, Pete Postletwaithe, John C. Reilly, el fabuloso Tim Roth, Dougray Scott, Camryn Manheim (esa mujer es tan buena) y una niña medio buena onda medio pesadita a veces. Guión de Rafael Yglesias, el mismo de La muerte y la doncella de Polanski. Música de Angelo Badalamenti. Producción en general, vestuario, edición, foto... Todo bien puesto.
Es una huevísima de película. ¿Por qué un equipo así de grande, de talentoso, tiene que atravesarse con una película tan mala?
Gracias al cielo, a ninguno de éstos les hace falta acordarse de que hizo Dark water.
2. La bellísima Jennifer Connelly parece que estará en Pastoral americana, con Paul Bettany (¡Paul Bettany para el Joker!) y Evan Rachel Wood, y se espera que aparezca en The ice at the bottom of the world, con Meryl Streep y Charlize Theron (y todos nos iremos de espaldas con el elenco, demontre). Mientras, también con Paul Bettany (¡Paul Bettany para The Joker!), serán Darwin y su esposa en Creation.
3. De la novela de Jonathan Ames, John C. Reilly está haciendo Extra man, con Kevin Kline, Paul Dano y Katie Holmes.
4. El fabuloso Tim Roth es fabuloso. Está en una cinta que suena rarísima: King Conqueror, sobre Jaime I de Aragón, el Conquistador. Un actor padrísimo alemán, Thomas Kretschman (siento que me faltan enes), está con él; también Juan Diego Botto.